Sardineeeras…. al tren!!!!!!!!!

La llegada del tren a Portugalete supuso una enorme mejora en las condiciones de vida de estas trabajadoras que ya

no estaban obligadas a ir corre que te corre hasta Bilbao para ser las primeras en ofrecer la pesca. Cosas del progreso, ahora bastaba con coger al alba el tren de Portu, esa localidad… que está aquí al lado. Inaugurado del 24 de septiembre de 1888 este ferrocarril no llegaría a Santurtzi hasta 1926. ¡Ay que ver…, treinta y ocho años para completar unos pocos kilómetros!

Curiosos como somos no podemos  dejar de imaginar las conversaciones que oirían las paredes de aquellos antiguos vagones, los dichos, los “susedidos” que entre traqueteo y traqueteo tendrían lugar y que sin duda irían parejos al carácter que se gastaban nuestras sardineras y harían honor a la fama que las acompañaba.

Antigua estación de La Canilla, término de la línea hasta 1924.
Fuente de la il.: Albumes Deia.

Los recuerdos del portugalujo Jose M. de Areilza nos pueden dar una idea del ambiente que se vivía en aquel tren mañanero, unos párrafos en los que  advertimos la presencia de personajes dispares, como los mirones o Jenaro Oráa, párroco que fue de San Jorge, con medallón y todo en el pedestal de la Virgen del Carmen en el puerto.

El nostálgico texto de Areilza reza como sigue:

          Mis primeros baños, al pie de mi casa, fueron la revelación de otro mundo, el del mar, el del océano, el del agua salada que cubre la mayor parte de nuestro globo terráqueo. Es la mar un talante vital diferente para el que vive junto a ella. Aprendí a nadar, con corchos, a mis pocos años, y contemplé el espectáculo apasionante de la llegada cotidiana de los botes, traineras y vapores pesqueros con su carga palpitante al próximo puerto de Santurce. Y también el griterío alegre y violento de las sardineras y su inverosímil recorrido a pie, descalzas, llevando la carga chorreante sobre la cabeza; aligerando de vez en cuando el exceso de líquido; inclinando la cesta y describiendo a la vez un círculo con el cuerpo –como un exótico paso de ballet- que dejaba sobre el suelo un rosario de color oscuro con chispas de la sal, reluciente. Las sardineras iban en gran número a pie hasta la estación de ferrocarril suburbano de Portugalete. Allí subían a un vagón que ocupaban casi por entero, dejando cuidadosamente su carga sardinera en el furgón. Yo viajé en más de una ocasión con ellas hasta el fin del trayecto, y el jolgorio de las conversaciones era divertido y sorprendente. Eran mujeres de condición modestísima; sus maridos marchaban a la faena pesquera; tenían muchos hijos. Eran de una vida sexual ejemplar, rezadoras y criticonas, insolentes y simpáticas. Su párroco santurzano, don Jenaro, un hombre de arrogante planta emparentado con Zumalacárregui, las reñía desde el púlpito en homilías de Cuaresma, lo cual, según decían, les halagaba sobremanera.

Sardineras junto a la estación de tren de Portugalete. Fotografía de Eulalia Abaitua.
Procedencia de la il.: El Bolintxi

Y aún insistiría el político y escritor en otro escrito en el tema sardineril :

          Las sardineras de Santurce, en gran número invadían los vagones de segunda después de haber depositado sus cestas repletas de pescado en el furgón. Eran deslenguadas, gritonas y malolientes y simpáticas en su arrolladora y gesticulante habla. Las había jóvenes y guapas. Una de las diversiones del “casinillo” (1) era observar a tal cual veraneante de Madrid, reputado por faldero y conquistador pasar de largo por los vagones de primera como buscando a un conocido para acabar en la segunda sardineril y vociferante donde se colocaba estratégicamente para obtener el mayor beneficio visual de la falda remangada y de la pantorrilla lucida que evoca la conocida canción santurzana.

Estación bilbaina del tren a Portugalete. Construída en madera y llamada popularmente “La ermita de San Pablo”. Tras ella el edicificio de “La Bilbaina” y a la izquierda de este la Estación del Norte.
Fuente de la il.: Blog Historias del tren

NOTAS

  1. El tren de la mañana era llamado así por las conversaciones sobre cualquier tema de actualidad que mantenían los cultivados pasajeros de primera clase que acudían a sus trabajos, médicos, bancarios, constructores, ingenieros…

Biblioteca Central (E.B.C.)

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