Viajeros por Santurtzi (IX)

Carlos Prieto en 1957

“En Santurce ya no hay sardinas finas”

Carlos Prieto Henández (Fuentesaúco, 1934-2013) publicó en la revista “El español” un artículo titulado “Desde Bilbao a Santurce”, subtitulando el texto “Un paisaje de chimeneas

a lo largo de la ria. Trabajo y dinamismo en la arteria industrial de Vizcaya” en el que narra sus impresiones sobre los pueblos de la Margen izquierda en los que se ubicaba entonces una pujante industria siderúrgica. El artículo se ilustró con fotos de Cecilio.

Carlos Prieto fue un periodista ligado a Iberduero, primera empresa que contó con un gabinete de prensa y trabajó además para el Correo Español, etapa esta en la que realizó el texto que nos ocupa. Con la creación de Iberdrola pasó a realizar su tarea en Madrid, desarrollando por otra parte una intensa labor en el ámbito de las Casas Regionales.

Carlos Prieto en sus últimos años
Procedencia de la il: La opinión de Zamora

De este reportaje hemos extraído por su interés local la última parte, referida a Santurtzi, en la que tras la obligada referencia a la procesión marítima de la Virgen del Carmen, se ponen en boca de lugareños con nombre y apellidos controvertidas afirmaciones sobre la calidad y procedencia de las sardinas que se vendían en el pueblo. Unas opiniones por cierto muy diferentes a las que ya recogimos en un artículo anterior fechado en 1937. Sin más, el reportaje:

Fuente de la il.: Artículo de C. Prieto Hernández en “El español”, 1957

EN SANTURCE YA NO HAY SARDINAS FINAS

Santurce, marinero y devoto de la Virgen del Carmen, enseña al visitante, junto a la rampa de su puerto, la imagen, alzada en piedra, de la Virgen. El 16 de julio es el gran día de Santurce. Por la tarde, la Virgen Marinera, colocada sobre una trainera es llevada a la bocana del puerto entre vítores y jubilosas sirenas. Más de 50 embarcaciones de motor y numerosas barcas acompañan a la Madre de Dios en esta procesión porteña de todos los años. Los espigones del muelle y las bellas alamedas de Las Arenas, Neguri y Algorta, se pueblan del gentío devoto que saluda con blancos pañuelos a la milagrosa Patrona de la Marina.

Texto original de la fotografía: La Virgen del Carmen recorre la ria en trainera, Llevada por remeros de Santurce.
Fuente de la il.: Artículo de C. Prieto Hernández en “El español”, 1957

Los remos de la embarcación de la Virgen los mueven desde siempre, por vieja tradición, los patronos pesqueros de Santurce. La procesión se detiene al final de su pequeña singladura. Las bandas de música no cesan en sus acordes durante todo el recorrido y las sirenas guardan ahora silencio. Varias coronas son arrojadas a las aguas azules, en memoria de los caídos en el mar, mientras la Virgen es vuelta cara a la ría mirando con el rostro hacia el marco que le tiende Vizcaya, la del mar y la de la industria que se hace presente allá al fondo con sus altas chimeneas, sus humaredas y sus astilleros.

-No se le ocurra ¡Si no son de aquí! Las traen de fuera y encima las cobran como si fuesen de oro.

Este consejo de un hombrecillo, el olor que soltaban a asarse sobre la parrilla y sus dimensiones, demasiado grandes para los diminutivos de la copla, me hicieron desistir de mi intención. Y no probé las sardinas. Pero esto que yo hice porque me vino en gana le ocurre a los que llegan, las comen y las pagan diciendo cuando vuelven a sus tierras, que han catado las famosas sardinitas. Y es que, por lo oído en este pueblo que levantó su fama junto al Abra ya no se comen sardinas tan ricas como antes…

-Pues, sí, señor, es cierto. Estas ni tienen grasa ni na. Fíjese qué tamaño. Las de antes eran la mitad.

Nos lo dice Valentín Fernández, ojos muy húmedos y arrugas en la frente, natural de Santurce y habitante del mar desde hace cuarenta años, pescador veterano de todo lo que salga.

-Entramos con ardor a destrozar la pesca. Todo por no gastar lo que se debe. Y porque los barcos grandes se han comido a los chicos.

Embarcaciones en el puerto de Santurtzi. Década de los cincuenta.
Procedencia de la il.: Archivo Eugenio Rodríguez

Lo de siempre. Y nos explica la primera paradoja con su lenguaje cargado de vocablos enteros nacidos en el mar y frescos siempre. Ya no se pesca con “raba”. Ahí está el quid al parecer. La “raba” -huevas de merluza y bacalao- echada al agua con prodigalidad llamaba a las sardinas a un banquete diario. Sin acabarlo nunca caían en las redes v un poquito después en la parrilla.

-Pero ahora ya no hacemos eso. Pescamos con luz y por la noche ¿Comprende? Las sardinas se escaman y salen de estampida. Hay que irlas cogiendo cuando saltan.

Lo dice con un tono como si hoy cada día comiesen una traición. Y me dice también que hoy un barril de raba cuesta más de 1.200 pesetas -él llegó a comprarlos por sólo cinco duros-: que las sardinas ya no vienen como antes junto al Abra v que las que se comen son de Levante o de Galicia y en los bares “las pasan de matute» como si fueran santurzanas legitimas. Otro interviene y Valentín Fernández, pescador fuera y dentro del mar dice:

-Tú calla, que esto es para mí solo.

Pero el amigo le quita la tajada y nos informa que un año, el día del Carmen, las sardinas que en el pueblo se comieron eran todas de Huelva.

-Tome usted nota de esto y en ortografía hágamelo bien.

Los barcos grandes -me explica- han costado mucho dinero y para no salir perdiendo pescan lo que sea y como sea. Y la pesca de la sardina con los viejos pescadores ha resultado perjudicada. Allí junto a la rampa hay amarrados un par de docenas de barcos que ya no salen a pescar porque los grandes se lo barren todo. Y allí está «Virgen del Chanteiro» (1), la embarcación de Valentín, que va a salir ahora por si han dejado algo.

-Aquellas de antes sí que eran sardinas de Santurce. Dígalo. Hoy ya no. Pregúntele a esa vieja que lo sabe mejor que yo.

Y la anciana Josefa Luzaco, ochenta y seis años de edad, con una memoria prodigiosa, boca sin dientes que ha comido muchos kilos de sardinitas finas, afirma con la cabeza y dice:

-Pero la vida no hay que contar la de antes, hombrete.

La vieja sardinera de copla -que ya desaparece- tiene su fundamento en esta abuela que hoy se pasa las tardes sentada al sol junto a la iglesia. Por la orilla de la ría se fué miles de veces a Bilbao, con cesta a la cabeza y apretando los pasos, para llegar de las primeras. Porque ella era del Pico Amarillo, de las lanzadas que compraban la flor de la pesca nada más tocar puerto las embarcaciones y hacía sus perrillas cuando apuntaba el sol.

-Entonces se trabajaba, pero se comía, ¡jopelín! Ahora lujo, lujo.

Ella sabrá por qué lo dice. Nosotros no conocimos lo de antaño ni llegamos a comprar, como ella, una arroba de sardinas por solo cuatro reales.

-Antes se comía mejor la pesca catorce veces. Y le digo poco.

Si hubiera dicho 18 también se lo creeríamos, porque, según me dice, ha sido hasta hace poco una magnifica cocinera con el paladar en su sitio.

Josefa Luzaco cuenta ahora la muerte de Sindo -el hermano de una nuera- en el mar y la de dos mocetes del pueblo, “cuando estalló la caldera del «Pitorrita››. (2) Y se nos va porque se acuerda que he dejado abierta la puerta de la casa. Aquí me deja con la conclusión de que en Santurce ya no se comen sardinas santurzanas.

-No deje de ver el rompeolas.

Y allí me voy, donde el mar es ya mar a verle chocar contra los muros de piedra en una lucha desigual y embravecida. Dos horas mirando el trozo negro que vista lo que arrastra la ría, el morado de la tarde plomiza, el verde de las orillas poco profundas y el intenso azul de una Iejanía que se escapa.

Notas

1. “Virgen del Chanteiro”. Embarcación de siete metros de eslora propiedad de Celso y/o Valentín Fernández. Causó baja en la cofradía santurtziarra en mayo de 1957 para recibir el alta en la de Castro Urdiales.

2. Se refiere a la explosión del “Victor Rita” a la que ya nos referimos en el artículo “La explosión del Victor Rita. El drama que conmocionó a Santurtzi”.
El hablar rápido de la mujer probablemente confundiría al periodista, que transcribió erróneamente “pitorrita”, quizás tomándola por diminutivo de pitorra (becada).

Biblioteca Central (E.B.C.)

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