IV EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Octava sesión: Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlin

La sesión del miércoles 8  de febrero estaba previsto que fuese la última de esta edición del Club de Lectura dinamizado por Iván Repila.

Pero como ya adelantábamos, dado que nuestro moderador ha publicado recientemente su tercera obra, “Prólogo para una guerra“, tendremos un agradable epílogo con una sesión extraordinaria, que además estará abierta a todos quienes quieran acudir para comentar con el autor este título, el jueves, 2 de marzo, a la habitual hora de las 18,15 en la Casa Torre. No olvidéis acercaros e invitar a cuantas personas creáis que puedan estar interesadas.

Por lo demás, en esta sesión abordamos el libro más largo de los propuestos en esta temporada, “Manual para mujeres de la limpieza“, de Lucía Berlin: conjunto de 43 relatos escogidos entre la exigua obra (un total de 76, parece ser) de esta escritora atípica, con una vida “de película”, como dice la contraportada del libro… cuyas vicisitudes, al decir de Iván, probablemente le impidieron, y bien que lo lamentamos, alumbrar una obra más amplia: estaba demasiado ocupada viviendo su vida con absoluta libertad, al margen de las convenciones de una época que, aunque nos parezca tan lejana, no lo es tanto.

Nos habla Repila del fenómeno editorial que supuso en los USA el redescubrimiento de esta autora, pues, aunque durante su vida fue publicando pequeñas colecciones de relatos en editoriales un tanto minoritarias, solo después de su muerte mereció la atención del gran público con esta antología, que toma el título de uno de los relatos. Y que, unos años después, está repitiendo el éxito en nuestro país de la mano de la editorial Alfaguara. Augurando que, en vista de la excelente acogida que ha tenido esta selección, seguramente pronto veremos publicados el resto de los relatos de esta atípica autora.

No cabe duda de que Berlin (apellido del tercero de sus maridos, siguiendo la costumbre anglosajona) es una narradora nata; todos nos la imaginábamos escribiendo uno de estos fantásticos relatos poco menos que del tirón, en un momento sea de relax o de crisis en una de las muchas vueltas de su agitada vida. Y como su vida, ajena a las convenciones, también su escritura es algo caótica: la estructura y extensión de los relatos son muy variadas; pero curiosamente, encajan como las piezas de un puzzle, o como en uno de esos posters formados por pequeñas fotografías, de modo que los distintos personajes y peripecias que se repiten o entrecruzan en muchas de estas piezas, nos acaban dibujando el contorno de una figura, un personaje, que tenemos el convencimiento de que es la propia Lucía…

Y aquí surge el comentario sobre el movimiento que actualmente se denomina “autoficción“, que consiste en tomar el autor elementos o experiencias de su propia vida, y alterarlos más o menos, mezclándolos con elementos también reales, pero de personas próximas, o bien con otros inventados, con el fin de dar más coherencia o estructurar mejor la obra de ficción. Además, seguro que con los variados ofícios que desempeñó Lucía para sacar adelante a sus cuatro hijos (desde limpiadora, como resulta del título, a telefonista, administrativa en hospitales o profesora de escritura creativa en la cárcel, como asoma en otro de los relatos, además de sus experiencias en centros de desintoxicación, y en muy variadas regiones y paises en los que residió) tuvo ocasión de conocer a personas y personajes de lo más variopinto cuyas peripecias, a veces tremendas, recoge siempre con un tono en el fondo positivo (algún asistente nos decía que detectaba un rastro de Prozac), como si dijera “riámonos de la desgracia”.

Parece que nos encontramos ante una persona muy vital, que a pesar de los pesares puede siempre deleitarse con los colores del cielo o los pájaros que se posan frente a su ventana. Y que, como ella misma dice en uno de los relatos, posee “una mirada”, una empatía especial hacia los demás, que según cuenta le viene de su madre, la cual sin embargo no destacaba por su capacidad de escuchar: ello nos lleva a hablar de la familia disfuncional que se dibuja en los relatos, con ese abuelo inclasificable que parece hasta abusar sexualmente de las hijas, y que le vuela un ojo de un tiro a uno de sus hijos; la difícil relación con la madre, y entre las  hermanas, aunque esta la acabarán recuperando en los momentos finales de la vida; y ese alcoholismo al que parecen abocados todos los miembros de esa estirpe.

Preguntaba el moderador por los relatos favoritos de los asistentes, aunque nos costaba retener en la memoria los títulos. Pero fue muy destacado “Doctor H.A. Moynihan“, sobre el mencionado abuelo que decide arrancarse todos los dientes con la ayuda de su nieta, lleno de “gore” y una suerte de humor negro (¡esas bolsitas de té!). También el que da título al volumen y su complementario “Luto“, con esa limpiadora que sólo roba menudencias, desclasada entre “señoras y criadas” y que sabe más de los habitantes de la casa que sus propios familiares. “Mijito” con la tristísima historia de una madre adolescente que nunca había montado en ascensor ni utilizado un teléfono, o las que se nos antojaban similares sobre clínicas abortivas o esa embarazada que tiene que hacer de “mula” para su marido drogadicto, “Carmen“. La cinematográfica “A ver esa sonrisa“, que a algunos nos recordó un poco el tono de alguno de los relatos que leímos de Jon Bilbao, no en vano decíamos que este autor bebe de las fuentes del cuento norteamericano. Y también el relato más diferente, “marciano”, decía Iván, quien consideraba que debía haber sido escrito bajo el influjo de las drogas,  “Toda luna, todo año“, tan sensorial con esas imágenes submarinas y una historia que se retoma también en otro cuento de reconciliación de dos hermanas (otro tema recurrente), “Penas“, donde se utiliza el buceo como liberación del cuerpo enfermo y a la vez reconciliación con el mismo…

Y ya que con esto que dábamos el “curso” por finalizado, Iván nos despidió, a la espera de esa sesión extra en que comentaremos su libro, con un par de recomendaciones lectoras (que sin duda pronto encontraremos en las bibliotecas muncipales):

Los días iguales de cuando fuimos malas“, de Inma López Silva, y “Aunque caminen por el valle de la muerte“, de Álvaro Colomer, que versa sobre un episodio un tanto vergonzoso del ejército español en Irak… si bien nos advertía que era un libro “muy masculino”, ya que la concurrencia era, como es habitual, casi exclusivamente femenina.

Lo dicho, que nos veremos el día 2 en torno a la última novela de Iván.

Ana G.

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