IV EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Séptima sesión: Las desventuras del joven Werther de  Johann Wolfgang von Goethe

En la séptima sesión de la presente edición del Club de Lectura volvimos a reencontrarnos con nuestro moderador habitual, Iván Repila, que como recordaréis la vez anterior no nos pudo acompañar por hallarse presentando su nueva novela, “Prólogo para una guerra“;

así que lo primero que hizo fue contarnos brevemente sus experiencias en la promoción de la obra, esta vez editada por Seix Barral, un sello de mayor dimensión que el que había alumbrado sus dos libros anteriores, Libros del Silencio, sello que quedó truncado por la muerte del editor. Y por eso, su anterior obra recibió muy poquita promoción y es una experiencia nueva para Iván el conceder, por ejemplo, hasta 16 entrevistas en un día.

Por este motivo, las tareas de promoción de su novela, nos propone también un cambio de fechas para la siguiente sesión, ya que, aunque inicialmente se había previsto para el martes 7 de febrero, ese día estará en Barcelona y dado que regresa en avión, teme que cualquier imprevisto pueda dar al traste con la reunión. Por eso, tras consultar con los asistentes y en vista de la disponibilidad del local de la Casa Torre, la fecha de la siguiente entrega se traslada al MIÉRCOLES 8 DE FEBRERO, en que comentaremos “Manual para mujeres de la limpieza“, de Lucia Berlin, que nos adelanta que es para él quizás el libro del año.

Ya entrando en materia, empezó Iván situándonos la figura de Goethe, uno de los pesos pesados de la literatura alemana (y universal). Un niño que nace en una familia acomodada, que se mueve en el mundo de la política y de las artes, caldo de cultivo que unido a sus cualidades intelectuales innatas alumbrará a un verdadero fenómeno. Tuvo además la suerte de vivir más de 80 años, algo extraordinario en su época, lo que le dio la oportunidad de cultivar todas las facetas de la literatura y algunas otras, como el mundo de la estética y aún el de la ciencia, donde se le deben algunos descubrimientos.

Por lo cual, con los años nos dejó una obra monumental, entre la que destaca el “Fausto, poema adaptado al cine y teatro hasta la saciedad, pero que Repila no nos recomienda especialmente, sino que, si nos hemos quedado con ganas de más Goethe, nos sugiere que abordemos su biografía, que es interesante por tantas facetas como cultivó a lo largo de su extensa vida.

                            

Aquí pasó ya a preguntarnos si la lectura nos había resultado muy dura, si nos había “torturado” con ese lenguaje lleno de exageraciones y signos de exclamación, que nos da ganas de entrar en la sala diciendo cosas como “¡oh, queridos amigos, cuan grato es el reencuentro, y qué deliciosa la perspectiva de compartir con vosotros unos momentos de esparcimiento en torno a la noble afición de la lectura!”, o algo por el estilo.

 Y sí, muchos reconocimos que “uff”, que se nos había hecho cuesta arriba la lectura, o al menos, que nos había costado entrar en materia, aunque luego le encontráramos su puntillo al libro.

Iván confesaba que a él le resultaba divertido por su exageración, y no cabe duda de que nos supo trasmitir su punto de vista, pues fue una de las sesiones del club donde más nos hemos reído.

Como otras veces, fue clave para su disfrute la manera en que el moderador supo situarnos la obra en su contexto histórico.

Nos encontramos en el marco del Neoclasicismo, una época que dura ya un par de siglos, que ensalza la razón y que ya va resultando, por qué no decirlo, un poco aburrida (un verdadero peñazo, vamos). Momento en que todos los conceptos que hoy nos parecen obvios (y que serán fruto del Romanticismo que nuestro Werther de hoy inaugura), como es el “morir de amor” o “matarse por amor” son totalmente desconocidos.

Y en ese contexto, un mozalbete de 24 añitos como era Goethe en el momento, produce una obrita de apenas 100 páginas que supone un verdadero revulsivo, y que además anticipa un concepto tan moderno como el de la “autoficción” que encontraremos en nuestra próxima lectura de Lucía Berlín, por ejemplo: tomar elementos reales, biográficos, de la vida del autor, y reinterpretarlos, mezclarlos con la imaginación, para crear un producto de ficción.

Goethe a los 24 años cuando escribe el Werther

Goethe a los 24 años cuando escribe el Werther

En efecto, nuestro Goethe vivió de cerca una peripecia cercana a la que luego será el eje de “Werther“: un amor apasionado hacia una mujer que, estando comprometida, le rechaza (mujer que casualmente se llama Charlotte, como el personaje de nuestra obra de hoy). Pero es que además, un amigo suyo, Wilhelm Jerusalem (nombre del destinatario de las cartas de Werther, precisamente), sufre un desengaño parecido que le lleva a suicidarse de un modo que creará escuela, un disparo en el pecho.

Y nuestro joven Goethe vierte estas experiencias en una novelita que de algún modo conectó con la juventud de su tiempo, que al parecer vio reflejada en ella todas las pasiones que latían en sus corazones y a las que el racionalismo no sabía dar respuesta.

Así que “Las penas del joven Werther” se convirtió, por primera vez en la historia, en un fenómeno de masas (diríamos que podría ser el Moccia de aquel tiempo, con sus “A tres metros sobre el cielo“): se vendieron muchos ejemplares, los jóvenes adoptaron la llamativa indumentaria que Werther lleva en el libro, se generó una corriente de turismo que llevaba a los “fans” a peregrinar por toda Europa para visitar al autor (algo que, en su vejez, le fastidiaría bastante), y lo más sorprendente: desencadenó una ola de suicidios imitando al del protagonista.

Comentaba el moderador que este libro es precursor de muchas cosas: Puesto que la exaltación de los sentimientos lo es en ambas direcciones (bien podríamos calificar a Werther de bipolar), tanto el enamoramiento y la felicidad suprema como la depresión y la tristeza más abismada, que además se acompañan de un resaltar la naturaleza (así, si estoy feliz, el cielo será luminoso, las flores más fragantes que nunca, el arcoiris brillará, mientras si me encuentro deprimido parecerá que el cielo llora conmigo y los truenos y relámpagos anticipan el fin del mundo), este es el punto de partida de toda la literatura de terror y de monstruos que luego será tan prolífica. Por ejemplo, el “Frankenstein” de Mary Shelley no podría haber existido sin el Werther.

Entrando ya en el análisis estilístico, destaca Repila la estructura de la obra, dividida en dos partes: en la primera, en estilo epistolar, Werther, abandonando la ciudad asiste con arrobo al espectáculo de la naturaleza y de las gentes sencillas, y conocerá a la muchacha que le roba el corazón.

Especialmente llamativa es la escena del baile en el que la conoce y la larguísima carta que dirige el protagonista a su amigo, descendiendo a los mínimos detalles de cada pliegue del vestido o cinta que viste su amada. Nos imaginábamos el tormento que sería hoy tener un amigo como Werther colgado del teléfono contándonos por menudo su montaña rusa de sentimientos, porque la verdad, nuestro buen Werther es “un brasas”, y, más aún, “un pagafantas”, como dice Iván, al lanzar la gran pregunta: ¿Está también Charlotte enamorada de él? ¿No será más bien que la buena muchacha huérfana, cargada con la caterva de hermanillos que su madre le encomendó, agradece la compañía y ayuda de este joven que le entretiene y cuida a los niños? Porque parece que en ningún momento se le pasa por la cabeza dejar a su novio, Albert, que también le había recomendado la madre en el lecho de muerte.  Surgía aquí el comentario de que algunas lectoras habíamos imaginado a Werther como un hombre atractivo, lo cual llamaba la atención de Iván, porque lo cierto es que no hay apenas descripciones de los personajes.

En la segunda parte del libro, en que Werther regresa a la ciudad y acepta un trabajo, que también acabará dejando (aquí hay atisbos de una preocupación social, se nos pintan escenas donde se habla de las diferencias de clase), Iván nos llama la atención sobre el recurso estilístico tan inteligente que usa Goethe. Además de ser mucho más “oscuro” este segundo libro, acorde con el estado de ánimo sombrío del personaje, se abandona la exclusividad del estilo epistolar y se introduce parcialmente un narrador, el amigo destinatario de las cartas, lo que permite al autor mostrar escenas que Werther no ha podido ver, como las conversaciones entre los esposos, o, sencillamente, la agonía final del personaje.

El torbellino de emociones (un calentón, que diríamos ahora: nos lo imaginamos como un mico, con el solo recuerdo de su dama quitándose un guante) va creciendo en el alma de Werther (algo se deben oler Lotte y Albert, que, lejos de invitarle a la boda, se la comunican cuando ya es un hecho consumado), hasta echar el resto con la escena de despedida de Lotte, donde le lee un poema épico que ni “El señor de los anillos“, que le sirve de excusa a Goethe para colocarnos su propia traducción de un autor de la época, Ossian. Lectura que parece excitar los sentimientos de Lotte hasta culminar en un beso que nos parecía que más que algo apasionado o sexual habría sido “un piquito”, un desliz de Lotte que consciente de su error se encierra y rehusa ver de nuevo a su amigo. Y aunque “se masca la tragedia”, Werther obtiene nada menos que de Albert (y de las manos de su amada, que han tocado las pistolas, cosa que no ve, pero le cuenta su criado) el préstamo del arma de fuego con el que pondrá fin a sus “desventuras” (o cuitas, como se ha traducido a veces el título del libro) casi en un directo que a alguna nos parecía que anticipaba el fenómeno a que asistimos hoy en la televisión, desde las Torres Gemelas de Nueva York: Werther casi nos cuenta en tiempo real su suicidio, parece que está escribiendo su carta de despedida con la pistola apoyada en la sien. Y hasta no falta su toquecito de sangre y vísceras, de “gore”.

El único caballero asistente a la tertulia, Pello,  decía que no le convencía nada este discurso, este querer estar triste y desesperado, regodearse en el dolor, y le parecía que Werther era un fracasado hasta en la forma de matarse. Ahí ya con humor comentábamos que nuestro personaje de hoy anticipaba la tribu de los “emos”… y que esa adicción al dolor se encuentra por ejemplo en la gran canción “Hurt“, popularizada por Johnny Cash… por interrelacionar, que no quede.

Luego nos contaría otra amiga la anécdota de un compañero de facultad de Filología, que, mientras leían nuestra obra de hoy estaba también visceralmente atraído por otra compañera, lo que llevó a algunas amigas a generar una expresión que juzgamos genial: “Este chico está “tó Werther”.

La sesión concluyó con una espontánea firma de libros por parte de nuestro autor, pues muchos de los asistentes habían traído su ejemplar, y qué mejor ocasión para pedirle una dedicatoria. Por cierto, a quien interese, Iván presentará en Bilbao su nueva novela el miércoles 1 de febrero en la librería “Cámara”, de Bilbao, a las 7:30, y nos invitó a compartir con él ese momento.

Dado el interés suscitado por su obra, no descartamos que pueda organizar algún acto de presentación de su “Prólogo para una guerra” en Santurtzi, donde sin duda contaría con la asistencia de todos los asistentes de hoy, y bien podría convertirse en una sesión extra del club, pues para entonces seguro que todos lo habremos leído y nos gustará comentarlo con el autor, como en su día se hizo con “El niño que robó el caballo de Atila” (obra que quizá se reedite en breve), en una edición anterior. Ahí queda la sugerencia y esperamos que tome forma.

Ana G.

Anuncios

Un comentario en “IV EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s