IV EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Segunda sesión: El comensal de Gabriela Ybarra

01-cubiertaLa sesión del martes 18 de octubre se nos quedó corta para tanto tema literario como había que comentar. Saludamos a Iván Repila (pues en la sesión anterior como recordaréis no pudo acudir por indisposición y le suplió Aixa de la Cruz) felicitándole por su nueva criatura, “Prólogo para una guerra“, que verá próximamente la luz en el sello Seix Barral.

Y, por causa de esta nueva paternidad, que le obliga a modificar su agenda para atender a presentaciones y actos promocionales, nos propone un cambio de fechas, que queda concretado en modificar dos de las citas previstas: la próxima sesión, en que leeremos “Estrómboli” de Jon Bilbao, queda fijada para el lunes 7 de noviembre, en lugar del martes. También se moverá la convocatoria prevista el 13 de diciembre al lunes 12. Avisados quedáis.

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De lo primero que hablamos fue del tan comentado galardón de la Academia sueca, el Nobel de Literatura para el cantautor Bob Dylan. Nos preguntaba Iván si nos parecía oportuno o no… y aunque hubo división de opiniones, pareció mayoritaria la que defendía él, que la consideraba poco menos que un despropósito. Hablamos del precedente del Premio Príncipe de Asturias (hoy, Princesa) de las Letras al también cantautor Leonard Cohen, si bien este lo consideraba Iván más defendible, pues el concepto de “Letras” puede ser más amplio y abarcar, por ejemplo, incluso los guiones de televisión. Pero le parecía que hay que definir la literatura como algo que se crea escribiendo y se recibe leyendo. Y, sin quitar valor a la obra de Dylan (quien, por cierto, no se ha puesto todavía al teléfono para recibir la notificación del premio), le parece que su aportación se compone de tres elementos: Letra, música e interpretación. Y que si se reduce su trabajo únicamente a una parte, las letras, aunque se puedan calificar de poesía, no son comparables a la obra de un Seamus Heaney o un Adonis, por poner un par de ejemplos.

Y, además, la Academia, dada su política de no repetir nacionalidad en los premiados, ha perdido la ocasión de reconocer a toda una generación de literatos estadounidenses que le parece que han abierto caminos nuevos en los últimos tiempos, como Philip Roth o Joyce Carol Oates. Se comentaron las quinielas que dan por eterno candidato a Murakami, y, entre los españoles, a Javier Marías o Enrique Vila-Matas.

03-adelaida-y-banalizacion-del-lenguajeTambién comentábamos que esta “banalización” de la literatura (máxime cuando es el único galardón de la Academia sueca dedicado al Arte) puede llevar a que la gente lea menos (aún), ya que el leer es un esfuerzo mayor del que puede ser escuchar una canción o ver una serie de televisión, cosas que uno puede hacer, por ejemplo, mientras cocina… sin quitar valor a ninguna manifestación artística.

Tras este comentario, retomamos el tema que habíamos hablado con Aixa en la sesión anterior, el libro de Elvira Navarro (editora del que hoy nos ocupa, El Comensal), “Los últimos días de Adelaida García Morales“, que como recordaréis ha suscitado gran polémica, pues la autora ha construido un “artefacto” de ficción, declaradamente, en torno a la persona real de Adelaida, recientemente desaparecida, y en cuya obra es especialista. Como ya comentamos en la sesión anterior, el libro ha sido muy contestado por la familia, en especial por el ex-marido de Adelaida, el cineasta de Carranza Victor Erice, que llevó al cine su relato “El sur“, alcanzando una de las cotas más altas del cine español. Nos decía Iván Repila que le parecía que Erice había leído mal el libro, pues en él quedaba claro que no era sino una fabulación… Y eso que este libro ha puesto de nuevo de actualidad la obra de Adelaida, en su día muy valorada y últimamente caída en cierto olvido.

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Aquí retomamos el debate de la sesión anterior, pero sobre todo lo que nos quería plantear el moderador era la reflexión sobre el carácter siempre subjetivo de la escritura, cómo, por más que se busque la objetividad, salvo en la consignación de meros datos, hay que ser consciente de que todo texto es una interpretación, “todo es ficción”, incluidas las biografías (y más aún las autobiografías), todo pasa por el prisma de la mirada del escritor, que lo distorsiona. Y en este sentido, nos preguntaba si habíamos leído “El comensal” como un texto objetivo, o habíamos sido conscientes de este aspecto.

Y con ello entramos a analizar este libro; todos estuvimos de acuerdo en que su prosa no nos había parecido del máximo nivel, que se le notaba su carácter de obra primeriza. Aunque nos decía Iván que había aparecido en todas las listas de libros destacados del año, por ejemplo en diarios como El País o El Mundo… y que tenía el pálpito de que iba a ser galardonado con el Premio Euskadi (al día siguiente, mientras escribo estas líneas, recibo la confirmación de esta intuición: en efecto, lo ha recibido). Y, sin ser uno de sus libros favoritos, le reconocía un valor en el sentido que ahora diremos.

Se escuchó repetidamente el término “terapéutico”: un tertuliano, Pello, decía que sentía que le había aportado más a la autora el escribirlo, que a él leerlo, lo que le desagradaba; y muchos estuvimos de acuerdo en esta apreciación.

Otra cosa que se destacó fue la diferencia de registros, cómo en la primera parte del libro la autora opta por un lenguaje frío, casi periodístico, para hablar de la muerte de su abuelo, primer secuestrado y asesinado por ETA, años antes de su nacimiento. Mientras que en la segunda parte, para narrar una muerte mucho más cercana, la de su madre, opta por un registro más personal.

Esto había impactado a los asistentes de muy diversas maneras, a algunos les había emocionado y otros habíamos permanecido fríos… pero estuvimos de acuerdo en reconocer que la autora consigue contar esos hechos históricos sin un ápice de ira, lo cual es un valor en sí mismo. Y ya que ella forma parte de una familia destacada (“la historia de mi familia es la historia de Vizcaya“, dice en el texto), lo que inevitablemente la sitúa en uno de los “bandos” en conflicto, resaltaban algunos el esfuerzo que realizaba Ybarra al intentar imaginar a los otros, ponerles rostro, personalidad.

Una asistente decía si no habría actuado Gabriela un poco al modo de Elvira Navarro, utilizar la circunstancia de que su abuelo era un personaje destacado y su muerte fue notoria para “presentarse en sociedad” y atraer la atención sobre el relato de algo que le llegaba más de cerca y quizá le interesaba más, la muerte de la madre. También destacaba esta persona que le había parecido que se intuía un paralelismo entre el cáncer que acaba con la madre y el terrorismo entendido a su vez cómo un cáncer para la sociedad. Perspicaz observación, por cuanto algunos críticos la habían destacado ya, nos decía Iván, aunque muchos no lo hubiéramos contemplado.

Y hablando del valor del estilo periodístico, y de los Premios Nobel como descubridores de autores al gran público, saltó el nombre de Svetlana Alexievich, a la que leeremos en esta edición, de la que tanto Iván como Pello se declaraban admiradores.

Nos preguntábamos quién era ese “comensal” que en casa de los Ybarra tenía siempre plato, si sería el abuelo ausente, o si era la muerte misma…

“Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes”.

06-platoY ello nos llevó a reflexionar sobre el duelo… con un hermoso giro final. Evidentemente, la autora ha usado la escritura del libro para elaborar su propio duelo, reclamando además el derecho a vivirlo en privado, cosa que en nuestra tierra fue tantas veces imposible, porque ese dolor era sometido a los focos, con funerales de Estado… Y paradójicamente, lo hace escribiendo un libro, exponiéndolo al ojo público.

Pero, como decía Repila, nos guste más o menos el libro, su valor es indudable en cuanto aportación, porque faltaba el discurso, la narración de estos años que todos hemos vivido. Había abundante prensa, pero faltaba la reflexión, y el de Ybarra abre camino, con otros materiales, desde el televisivo “Vaya semanita“, hace ya tiempo, a películas como “Negociador“, en clave de humor (y bien criticado que fue por ello Borja Cobeaga), o “Lasa y Zabala“; y recientemente, “Patria” de Fernando Arámburu, que ya había hablado antes del tema en “El vigilante del fiordo” o “Los años lentos“, y otros libros, ya anunciados, que vendrán…

Y así terminamos diciendo que quizá nuestra sociedad necesite también hacer esa terapia, que posiblemente sea más valiosa en sí misma que el alcance artístico de los materiales que se produzcan, y que nos servirá más a los vascos que a quienes los lean desde fuera…

Como nos contaba Iván, suele proponer esta obra en los talleres que dirige porque suscita mucho debate, en algún caso incluso encendido, con enfados y abandonos… Aquí, al menos, fue cordial, participativo, y nos despedimos como amigos.

Esperemos que eso quiera decir algo.

Ana G.

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