IV EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Primera sesión: Rebelión en la granja de George Orwell

imagen-1-miniatura-cubiertaNueva edición del club de lectura, y es ya la cuarta que se celebra bajo la dirección  de Iván Repila… Si bien, en esta primera convocatoria, por culpa de una indisposición no pudimos contar con su presencia,

aunque tuvimos una sustituta de lujo: Aixa de la Cruz, escritora como él y licenciada en Filología Inglesa, además de bien conocida por los asistentes a la anterior edición del club, en que pudimos leer y comentar su libro de relatos “Modelos animales“, con el añadido de su compañía.

Caras nuevas y muchas ya conocidas, como lo era Aixa para algunas de las “veteranas”… Ya que la figura femenina sigue siendo ampliamente mayoritaria en el club.

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Aixa comenzó por centrar la figura del autor de “Animal Farm“, el libro elegido para esta primera lectura, que entre nosotros se tradujo como “Rebelión en la granja“, un verdadero clásico moderno. Lo primero que nos comentaba es que George Orwell era el pseudónimo elegido por Eric Blair precisamente para evitar a sus familiares los sinsabores que podrían derivarse de las obras que iba escribiendo, pues en las primeras contaba sus penurias de juventud. Y luego, sus obras no eludieron la polémica, como veremos.

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Este autor era conocido por muchos de los tertulianos, pues su “1984“, del que se ha tomado la figura del “Gran Hermano”, tan famoso últimamente gracias a un programa de televisión, fue leído y comentado en la primera edición del club.

Nos decía nuestra moderadora que, así como allí utilizaba la distopía, la ciencia ficción, esta obra es una alegoría: se utiliza una estructura sencilla, casi infantil  para narrar unos hechos que para nada son amables. Nos preguntaba por otros ejemplos de este género, y además de la Biblia, se citaron obras como “El señor de los anillos“, “El señor de las moscas“, o el libro del propio Iván Repila, “El niño que robó el caballo de Atila“.

Se destaca además el recurso del humor, del que hablaríamos mucho luego, al hilo también del festival “La risa de Bilbao” que se celebra estos días, y donde algunos pudimos escuchar a Sara Mesa, leída también en la edición anterior, y a Jon Bilbao, que lo será próximamente en ésta.

La obra que hoy nos ocupa retrata, apenas disimuladamente, los hechos que siguieron a la revolución rusa del 17, en un momento histórico no menos convulso, pues se escribió coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial.

Así, podemos entretenernos en ir buscando paralelismos a los distintos personajes: El cerdo que enuncia los principios de la revolución, el ideólogo, podría ser un Marx o Lenin, Napoleón es evidentemente Stalin, el purgado Snowball (o “Bola de nieve”), Trotski, y otros animales van representando diversos estamentos. El caballo Boxer, noble bruto, sería el proletariado, la tonta yegua Molly esa aristocracia u oligarquía que en un principio no rechazó la revolución pera luego la fue dejando de lado. El borrico siempre protestón sería la intelectualidad, poniendo de manifiesto lo que va mal, pero en definitiva, haciendo muy poco en positivo (y eso lo decía un Orwell que había ido a combatir el fascismo en nuestra Guerra civil española, de la cual salió muy escaldado). El cuervo, la iglesia; los perros, el ejército, o las policías o servicios secretos; las aves o los conejos quizá el campesinado, que ni se llega a enterar mucho de lo que pasa. Las ovejas, que con sus eslóganes machacones ahogan todo atisbo de discusión, los medios de comunicación…

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Algunas peripecias de los personajes, como el momento en que la granja animal negocia la venta de maderas alternativamente con unos u otros vecinos, se corresponderían con las alianzas que la Unión Soviética estableció en un primer momento con Hitler para luego pasar a combatirle junto con los Aliados.

Se comentó si la elección del cerdo como el animal que encarna a los dirigentes va más allá del mero chiste, y Aixa comentaba que se justifica seguramente por considerar que, en tanto son los más parecidos a los humanos, se les considera los animales más inteligentes de la granja, y ello alude al hecho de que los movimientos revolucionarios suelen venir en su origen de la intelectualidad, ya que es la que tiene más elementos de juicio.

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Para acabar con esa escena en que los cerdos casi se confunden con los humanos frente a los que se sublevaron, que nos dio lugar a reflexionar sobre si el poder corrompe en todos los casos.

Quienes habíamos leído “1984” estuvimos de acuerdo en que aquélla nos parecía superior a esta “Animal Farm” en calidad literaria… Pero también lo estuvimos en valorar el tremendo acierto de esta breve obrita, que en apenas 100 páginas nos muestra con enorme lucidez una realidad que sigue de plena actualidad, y lo hace con poquísimos recursos.

Una de las cuestiones que más preocupaba a Orwell, según nos contaba Aixa de la Cruz, era la instrumentalización que del lenguaje hace la política, que se ve con meridiana claridad en la novela, con esos eslóganes que se van reescribiendo a la medida de las necesidades de la clase dirigente, hasta llegar a ese inolvidable “todos los animales son iguales… pero unos más iguales que otros“.

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Mensaje este, el de la preocupación por el lenguaje, de plena actualidad, como podemos comprobar escuchando radio o televisión, en estos días de acre debate en las filas del Partido Socialista, que parece evitar el término “abstención”, en relación con una eventual investidura del candidato del PP a la presidencia del gobierno.

Recordamos que para la siguiente sesión se ha elegido el libro “El comensal“, de Gabriela Ibarra. Y como resulta que la editora del mismo, Elvira Navarro, es amiga personal de Aixa, y autora a su vez de un libro que ha resultado polémico en estos últimos días (“Los últimos días de Adelaida García Morales“, muy contestado por su ex marido Víctor Erice, ya que construye una ficción en torno a esta persona real), terminamos la sesión derivando agradablemente sobre la realidad y la ficción, y lo legítimo o no de fabular en torno a personas reales.

Aixa nos despide con una recomendación, “La cámara sangrienta y otros cuentos”, de Ángela Carter.

En fin, que como siempre, conversación no faltó y nos separamos con buen sabor de boca, a la espera de volver a encontrarnos en próximo día 18, esta vez sí, esperamos, con la compañía de Iván, en torno a “El comensal“, de Ibarra.

Allí estaremos y os lo contaremos.

Ana G.

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