Viajeros por Santurtzi (IV)

Manuel de Azcárraga y Régil (1884?)

FOTO 0-MiniaturaAllá por los años 80 del siglo XIX Manuel Azcárraga concibió la idea de actualizar y publicar la “Historia de Vizcaya” que había escrito entorno a 1787 Juan Ramón de Iturriza después de revolver innumerables archivos

que imaginamos tan polvorientos como manda la tradición. Una loable idea puesto que Iturriza no editó su obra y únicamente circulaban manuscritos de las diferentes versiones que de ella había realizado. Puesto manos a la obra con la diligencia propia de los naturales de la Villa de Bilbao consiguió editarla en 1885, meses después de que un editor catalán le “pisara” la idea, editando un año antes el manuscrito que conservaba la Biblioteca Nacional, robándole así la exclusiva.

Para realizar su actualización Don Manuel se imbuyó de espíritu viajero y se desplazó a todas las anteiglesias y villas del Señorío, sin olvidar la única ciudad, por supuesto.

Portada de la obra Fuente de la il.: Biblioteca Nacional de España

Portada de la obra
Fuente de la il.: Biblioteca Nacional de España

Y en estas que en los últimos días de un mes de junio le tocó el turno a Santurtzi, a cuyo término actual dedicó nada menos que trece páginas.

Nuestro viajero, recibido e instruido por el entonces secretario del Ayuntamiento D. Severo P. de la Encina y por el laureado maestro de primeras letras D. Luis de Iza y Aguirre, encuentra un Santurtzi que vivía un periodo de bonanza económica y se asentaba como localidad veraniega con la construcción de numerosos palacios y chalets.

A lo largo de estas páginas nos habla de las iglesias y mansiones, del número de habitantes, de los proyectos urbanísticos previstos por el municipio, de las obras benéficas de los Murrieta, de las aguas y las fuentes, del sustento de la población y proporciona otros muchos detalles, como el nombre del arquitecto de la torre antigua de San Jorge. Después de una larga digresión sobre la veraneante y poetisa bilbaina Matilde Orbegozo, señora de Mazas y por tanto residente estival en el chalet de su nombre y de la que otro día hablaremos, finaliza el texto dedicado a Santurtzi con un clásico de nuestro pueblo: las sardineras:

“…vemos atravesar por la carretera que se dirige a Portugalete, mas de veinte jóvenes de bello y agraciado rostro, con las sayas remangadas, corriendo como si disputaran alguna apuesta, saltando ligeras como mariposas, llevando sobre la cabeza unas largas cestas llenas de sardinas que parecen vivas…”

Dos sardineras posando sobre los arrecifes a comienzos del S. XX Fuente de la il.: “Bilbao y los pueblos de su ria en la tarjeta postal”. L. Amann Egidazu y R. Alonso de Miguel

Dos sardineras posando sobre los arrecifes a comienzos del S. XX
Fuente de la il.: “Bilbao y los pueblos de su ria en la tarjeta postal”. L. Amann Egidazu y R. Alonso de Miguel

Y sin más os dejamos con Don

MANUEL DE AZCÁRRAGA EN EL SANTURTZI DE FINES DEL S. XIX. 

Extraído del ejemplar conservado en la Fundación Sancho el Sabio de la “Historia general de Vizcaya escrita por Don Juan Ramón de Iturriza y Zabala… “ Bilbao, Lucena, 1885. Páginas 612-624.

CAPITULO CXVIII

Santurce.

Para comprender la belleza, la hermosura y los encantos de la naturaleza, se necesita ver y sentir desde aquí cómo espira el día en el mar; cómo se iluminan de estelas fosforescentes las aguas; cómo brotan las primeras estrellas en el cielo y las primeras luces en las ventanas y en las calles; cómo estas luces tiemblan al reflejarse en el Océano; cómo suenan los últimos toques de la campana de la oración mezclados con los cantares de los pescadores; cómo se encuentran unísonas en el cielo voces del espíritu con voces del Universo.

Pero retirémonos á descansar, que mañana tendremos tiempo de recorrer y visitar todo lo más notable de este Concejo.

Desde el aposento que ocupamos en la fonda de Cabrera divisamos las doradas luces que brillan aún en los edificios de las Arenas, asemejándose—por la refracción del fulgor de la luna, que ya ha salido, de los faroles y de las aguas—á un colosal navío de ébano, plata y oro, ó á un fantástico alcázar en que los resplandores de una maravillosa fiesta logran hacer más bella que el día la lúgubre oscuridad de la noche.

Al día siguiente, muy de madrugada, nos despiertan las voces de los pescadores que preparan en el puerto sus embarcaciones y las redes para salir al mar. Por las hendijas del balcon se filtra la luz del día: algunas hebras de oro ó agujas de fuego penetran en el gabinete de nuestra alcoba.

La campana de la parroquia de San Jorge toca á misa: el canto de los pájaros y las voces de las familias de los marineros se esparcen limpios y sonoros por una atmósfera tensa, plácida, tranquila… Todo nos indica que acaba de amanecer un día delicioso.

Saltamos del lecho y abremos las ventanas. ¡Qué panorama tan magnífico! ¡Qué paisage tán encantador! No es posible pintarlo y mucho menos describirlo. La palabra humana carece de bastantes matices para tan rico cuadro. Nosotros no lo intentamos siquiera. Se necesita ver, sentir y admirar y empapar en estos colores los ojos y absorber por todos los poros tanta vida… y después callarse.

En primer término el mar, cuyas aguas tienen un verde-esmeralda y el cielo un azul-turquí; en frente las playas de las Arenas que, iluminadas y bordadas por los primeros rayos del sol naciente, brillan como el oro; á la izquierda la iglesia de San Nicolás y los magníficos edificios de Algorta con un esmalte de coral-rosa producido por los arreboles de la aurora; á la derecha el muelle nuevo de Portugalete, cuyas hermosas casas ostentas una transparencia tan extraordinaria que parecen casas de cristal; á la espalda el monte Sarantes, como un centinela avanzado,–cuya cónica forma dá algun fundamento á la suposición de que sea algun volcán apagado,–y otras varias colinas que rodean cuál un collar de malaquita, como un aderezo de diamantes, á esas casas que se reclinan escalonadas hácia la Virgen del mar; aquí las plaza del Concejo, y una porción de lindos chalets (que luego los veremos despacio) cuyas azoteas se dibujan maravillosamente en la nitidéz del aire, ostentando las terrazas pequeños jardines con tiestos de flores… todo bruñido por los rayos del sol, esos pinceles de la naturaleza; todo saturado de la brisa cargada con los aromas de los últimos dias del mes de Junio; todo arrullado por la música que producen las olas; todo impregnado de las salinas exhalaciones del mar, perfumada y picante, que convida con sus voluptuosos besos á la infinita alegria de vivir.

Muelle nuevo de Portugalete hacia 1880 Fuente de la il.: Euskomedia

Muelle nuevo de Portugalete hacia 1880
Fuente de la il.: Euskomedia

Pero ya es hora de que salgamos á recorrer el pueblo, cuyo vecindario consta del número de vecinos que á continuación publicamos, distribuidos en los distritos siguientes:

Primer distrito.

Barrio de Santurce, ó sea el caso 1484 almas; id. Fontuso 17 id.; id. Cabieces 125 id.; id. Cotillo 70 id.; id. Mello 25 id.; id. Villar 37 id.; id. Balparda 30 id.; id. Arbol y Carral 65 id.; id. Galindo 20 id.; id. Repélega 63 id.; id. Rivas 52 id.—Total 1988.

Segundo distrito.

Nocedad 184 almas; id Urioste 215 id.; id. Ortuella 881 id.; id Barrio de Granada 164 id.; id Cadegal 284 id.—Total 1728.

Resúmen.

Primer distrito 1988 almas; Segundo distrito 1728 id.—Total de habitantes 3716, de los cuales están clasificados como vecinos electores doscientos cuarenta en el primer distrito y trescientos treinta y cinco en el segundo, que suman quinientos setenta y cinco individuos que hacen uso del sufragio en las elecciones.

Toda esta feligresía está eclesiásticamente sujeta á la iglesia parroquial dedicada á San Jorge, con la aneja de Nocedal, cuya patrona es la Magdalena; servida con un cura y tres coadjutores, debiendo residir uno de estos en dicha ayuda; siendo la dotación del párroco mil ciento veinticinco pesetas, setecientas cincuenta la de cada coadjutor, y setecientas cincuenta la del culto.

Esta iglesia de San Jorge ha sido convento de Templarios y la hermosa torre que corona la fábrica de este templo fué construida el año 1844 bajo la dirección del finado arquitecto D. Lorenzo Muñiz. Hace dos años que la Asociación de las Hijas de María costeó un hermoso altar que fué encargado al escultor D. Vicente de Larrea.

La iglesia con la torre que vió D. Manuel Azcárraga, construída en 1844. La actual data de 1898 Fuente de la il.: Santurtzi.biz

La iglesia con la torre que vió D. Manuel Azcárraga, construída en 1844. La actual data de 1898
Fuente de la il.: Santurtzi.biz

La iglesia aneja de Santa Maria Magdalena, que está en Nocedal, fué fundada por los antecesores de la familia de D. Victor Chávarri.

Además de estas iglesias parroquiales, existen en esta jurisdicción la ermita de San Pedro, en Cabieces, reedificada hace un año; la de San Cristobal, en Rivas, que están actualmente restaurándola; la de San Bernabé en Urioste, que también ha sido reformada; y por último la ermita de la Virgen del mar, que ha sido también reformada, y á la cual tienen especialísima devoción los pescadores y marinos de este puerto.

Estos datos que acabamos de consignar los hemos tomado en la secretaría del Ayuntamiento, donde acabamos de contraer una deuda de gratitud no solo con el celoso secretario de esta Corporación D. Severo P. de la Encina, sinó tambien con el laureado profesor de la escuela de niños de este distrito, el Sr. D. Luís de Iza y Aguirre, uno de los maestros, sin disputa alguna, más ínstruidos de Vizcaya, cuyas obras han merecido la distinción y el honor de ser premiadas.

Al salir de la Casa Consistorial y al observar las personas que nos acompañan el asombro que nos producen las condiciones de este local, tratándose de un pueblo de la importancia de Santurce, nos advierten, que entre las obras que tiene proyectadas este Municipio, figura la de construir un nuevo edificio destinado á este objeto; así como el de un Matadero público, lavadero, el derrivo de la casa denominada del arriero, á la entrada del pueblo, para formar una espaciosa plazoleta; la prolongación del muelle de Lo liso hasta el primer Castillo, en dirección de Ciérvana, formando un hermosísimo paseo y la mejora de los baños del mismo nombre de Lo liso.

 En el centro de la fotografía el caserón que ocupaba el Ayuntamiento al que hace referencia Azcárraga. Fuente de la il.: Blog Somorrostro


En el centro de la fotografía el caserón que ocupaba el Ayuntamiento al que hace referencia Azcárraga.
Fuente de la il.: Blog Somorrostro

La plaza pública están adoquinándola estos dias así como tambien, segun nos dicen, la de Ortuella,–cuyo barrio pensamos visitar esta tarde, por ser uno de los principales centros mineros que comunican importante vida á la administracición del Concejo de Santurce.

Desde el archivo de la Casa Consistorial pasamos á visitar las escuelas construidas por el municipio el año 1880 en la calle del mismo nombre, que costaron siete milduros, y nos llama en ellas, con justo motivo, la atención el material de enseñanza de que están dotadas y que nada absolutamente deja que desear. El año 1868, noticioso el benemérito hijo de este Concejo y su constante bienhechor D. Cristobal de Murrieta—cuyo retrato pintado al oleo decora el testero del salon principal de la casa del Ayuntamiento, como un justo tributo de agradecimiento y de perenne memoria conservada á los beneficios que dicho señor ha prodigado á este pueblo—de que era muy deficiente el material que había en estos centros de enseñanza, donó mil pesetas para este objeto y para algunas obras que reclamaba la mencionada ermita de la Virgen del Mar.

Y ya que estamos hablando de las nuevas escuelas construidas por el Concejo de Santurce, debemos consignar—por si no tenemos tiempo de visitarlas—que hace tres años se construyeron, también de nueva planta, en el barrio de Ortuella, para niños y niñas, cuya obra costó diez mil duros y otra mixta en Nocedal construida el año 1878, á expensas ambas de este Municipio.

Al salir de las escuelas, y antes de visitar el Colegio de educación y de enseñanza dirigido por las religiosas de Hijas de la Cruz, nos fijamos en los hermosos edificios que embellecen el pueblo, construidos en su mayor parte despues del año 1870; entre los cuales descuellan por su grandiosidad y elegancia: la casa del Sr. Zorrilla, el chalet de San Ginés, la casa llamada de Escalante, la de D. Domingo Blanchard, con su bien arreglado balneario, edificada hace veinte años; la fonda de Cabrera, que fué construida hace cinco años; las casas de D. Gregorio Urrestizala y de D. Guillermo de la Quintana y toda la manzana de edificios que forman la calle que une á la indicada casa del Sr. Zorrilla con la Casa Consistorial. En la plaza se ha reformado la casa de la señora viuda de Llantada, quien ha construido en el mismo sitio otra nueva, contigua á la de D. Genaro Sanz. Además vemos otros edificios mas modestos pero de reciente construcción. En la calle Mayor llaman  la atención del viajero los jardines y los palacios de los señores Marqueses de Santurce y de Casa-Torre.

En el barrio de Mamariga,–que es como se llama esa altura sobre la que existe la ya mencionada ermita de la Virgen del mar,– hay varios edificios modernos. siendo los más notables los pertenecientes á D. Ezequiel de Murrieta y á D. Marcos Salcedo. En el barrio de la Chicharra se ha edificado también bastante.

Segun vamos caminando, observamos que las calles y las aceras han sido hace poco tiempo arregladas.

La carretera que une á Portugalete con Santurce fué abierta el año 1859, para la cuál diò el Sr. Murrieta seis mil duros, habiéndose hecho después cargo de ella la Diputación.

Ahí, detras de esa carretera, hácia la parte del mar, hay varios elegantes edificios, en uno de los cuales debemos detenernos algunos momentos para saludar el santuario del hogar de una ilustre é inspirada poetisa bilbaina, cuya lira de oro despertó en nuestro corazón, cuando niños, los más dulces y tiernos encantos de la poesía. No conocemos poetisa que mejor conserve y refleje las cualidades de muger en sus versos que D.ª Matilde de Orbegozo, ni tampoco quien la iguale en la delicadez del sentimiento. Doña Matilde de Orbegozo tiene el talento peculiar, íntimo de la poetisa. El artista, para levantarse á tan alto asiento, ha menester sentir en sí todas las bellezas de la naturaleza y volar hasta las regiones mas elevadas del pensamiento. Estos dos caractéres profundamente poéticos se encuentran en alto grado en esa señora. Si lo dudais, leed cualquiera de sus divinas composiciones, y en todas ellas encontrareis las gala de la poesía meridional unidas á la profunda tristeza de la poesía del norte; en todas ellas resplandece la idea, la verdad revestida con todos los resplandores de la hermosura, de la forma.

 Chalet de Mazas sobre Peñota, Residencia veraniega de Matilde Orbegozo, señora de Mazas Fuente de la il. “El Mareómetro”


Chalet de Mazas sobre Peñota, Residencia veraniega de Matilde Orbegozo, señora de Mazas
Fuente de la il. “El Mareómetro”

Cuando en medio de las pasiones de una engañosa civilización y de una sociedad metalizada, entre este zumbido de ideas absurdas, de rumores que turban la mente, volvemos los ojos á una de esas dulces composiciones de la sin par poetisa bilbaina en que se retrata la celeste luz de explendorosos horizontes, el serpentear de los arroyos que arrastran en sus ondas las hojas caidas de la zarzamora, el vuelo misterioso de la golondrina, el espectáculo de esa vida universal, en que nadan tantos séres; nuestra alma, amiga de la naturaleza, se goza en tan hermoso cuadro como si desde este estrecho recinto en que vive, contemplara renovarse la creación, cual una flor en la feliz y dulce primavera.

Así ha dejado en nuestra alma su poesía, como el cuadro del espacio en que nació. Nos parece ver siempre la cabaña, el alto monte, el rio precipitándose espumoso entre las peñas y formando esa gigante armonía del torrente, la tórtola anidando á la sombra de los arbustos, la blanca paloma, y sobre todos estos objetos cernerse, dándoles nueva vida, voz, pensamiento, el alma de la poetisa, pura como una ilusión, matizada de los átomos desprendidos de las flores como las bellas alas de una pintada mariposa. Embellecer la bella naturaleza, obra grande es; mas no tan grande como embellecer el hogar doméstico, esa segunda naturaleza del hombre.

Siempre ha sido la condición de la muger en el mundo, ser la depositaria de los mas tiernos sentimiento, el ángel que guarde lágrimas para todos los dolores y un tesoro de compasión, para todos los doloridos; pues bien, la poesía de D. Matilde Orbegozo es tierna, sencilla, pura; una poesía que llora, cuyas lágrimas han endulzado muchas amargas ondas en el mar insondable de la vida. ¡Cuántas almas cerradas á la esperanza, al amor, habrá consolado nuestra poetisa, cuando hace aparecer, sobre los varios fenómenos de la naturaleza, á Dios enlazando en la ley del amor lo mismo el astro que la luciérnaga, lo mismo las corrientes de ese mar—en el que tántas veces se habrá inspirado—que la pequeña gota de lluvia que pende temblorosa de la hoja de un árbol, lo mismo el pobre insecto que al hombre, señor de la creación. La naturaleza parece rejuvenecerse en la imaginación de la poetisa, y el alma purificarse con la naturaleza. Esa mística armonía del mundo interior con el mundo exterior, del espíritu con la naturaleza, que pocos comprenden, se siente en todos sus versos.

Matilde Orbegozo y Jugo (1837-1891) Fuente de la il.: Museo Vasco de Bilbao

Matilde Orbegozo y Jugo (1837-1891)
Fuente de la il.: Museo Vasco de Bilbao

Su alma llena de creencias, de virtudes, impresionada dulcemente por esa renovación perpétua de la vida, que vé en torno suyo como una fuente eternamente manando cristalinas aguas, revolotea sobre todos los objetos, recoge los átomos que de ellos se desprenden, liba su miel, y despues, trasformándolos á la luz de su idea, nos presenta una nueva creación, teñida con los destellos de cándida inocencia, como ese paraiso cuyo recuerdo habita en nuestra mente y cuya esperanza posee nuestro corazon.

Aún recordamos de memoria aquellos sublimes versos endecasilabos que compuso para ser leidos en el teatro de Bilbao, el año 1859, la vispera del día en que debía partir para la guerra de Africa el tercio vizcaino á conquistar el lauro de la gloria.

El centro de gravedad de todas las composiciones de D.ª Matilde Orbegozo ha sido siempre la virtud. Embellecerla, hacerla amable, enseñar el camino que á ella conduce, poseer la virtud, eso ha enseñado nuestra poetisa.

La poesía de D.ª Matilde Orbegozo es, pues, una ofrenda en los altares de la religion y de la virtud.

Por eso sentimos que la respetable poetisa hubiese colgado la lira en su hogar, desde que contrajo matrimonio con el Sr. D. Diego Mazas, dignísimo esposo de tan esclarecida dama. ¡Oh! D.ª Matilde Orbegozo de Mazas, no ha perdido por eso la inspiración, nó. Antes cantaba la naturaleza; ahora enseña á orar á sus hijas. Pero siempre será poetisa. Podrá querer romper su lira, para consagrarse de lleno á su familia, pero la inspiración  y la poesía serán siempre el alma de su alma. ¡Y quiera el cielo que un dia vuelva á pulsar su lira! Nosotros lo deseamos en bien de nuestro pais, en bien de las artes. De todos modos D.ª Matilde ha dejado de sus cantares un eco que nunca se perderá… Perdónenos la virtuosa señora y su respetable esposo si hemos tocado el velo de su modestia con nuestra pluma; dispénsennos si hemos cogido furtivamente una flor de la corona de la poetisa para adornar y aromatizar esta página de la descripción de Santurce, porque sin ella habría salido sin color y sin perfumes. Pero sigamos adelante en nuestra descripción.

Los arbitrios municipales de este Concejo producen un rendimiento anual de veinte á veintidos mil duros, por todos conceptos.

Acabamos de llegar á la gran fundación, á la fundación que pregonará eternamente las virtudes del señor Murrieta, de ese ejemplar hijo de Santurce que falleció en Londres el día 17 de Noviembre del año 1868, despues de haber adornado su alma con muchísimas obras de beneficencia y de caridad que le habrán conquistado un asiento en el cielo, al lado de Aquel que ha dicho que ni un solo vaso de agua que se dé en su nombre quedará sin recompensa. Nos referimos al Colegio de enseñanza de las Hijas de la Cruz.

La distribución de este Colegio es completa y en él llama la atención el aseo, la pulcritud, la limpieza que resplandece en todos sus minuciosos detalles. Los dormitorios son espaciosos y bien oreados, los comedores magníficos, las salas de labor inmejorables, los locales destinados á la enseñanza muy buenos y bien dotados de todo el material necesario. En la capilla vemos el busto del fundador, por quien todos los dias elevan sus puras oraciones al cielo las religiosas y las educandas.

La fundación de este Colegio data del año 1863, y solo la obra del edificio costó al señor Murrieta treinta y tres-mil duros. En la actualidad reciben aquí su instrucción ochenta internas y unas doscientas alumnas externas, contando las particulares. Tienen derecho á ser aquí educadas, gratuitamente, veintidos niñas, huérfanas, del barrio de Mercadillo, de Sopuerta y de la villa de Portugalete, además de las de Santurce, segun consta en la Escritura de fundación otorgada por el Sr. Murrieta.

Pero no es solamente la fundación de este Colegio la que pregona las virtudes de D. Cristobal de Murrieta. Aquí está el Colegio de Naútica que dicho señor fundó el año 1860, y que vienen siendo dirigido por los ilustrados catedráticos los hermanos D. Victoriano y D. José Marañon. Ningun instrumento ni aparato de los que pueden existir en las primeras cátedras de naútica del principal Colegio, faltan aquí. Su fundador dejó impuesta en valores de la Deuda intrasferible la cantidad de cincuenta y cinco mil duros para sostener ambas fundaciones con la renta que reditúen. Así es que la enseñanza es completamente gratuita.

Monumento a Victoriano y José Marañón (Santurtzi) Fuente de la il.: EBC

Monumento a Victoriano y José Marañón (Santurtzi)
Fuente de la il.: EBC

¡Cuántas bendiciones se elevarán, al cabo del año, á los cielos por el descanso eterno del alma del Sr. Murrieta!

Así se comprende que, si pronunciais el nombre de don Cristòbal entre las buenas gentes de este pueblo, veréis asomarse sùbitamente á sus ojos lágrimas de dolor y de ternura; lágrimas de gratitud, de veneración y de respeto. Todos los pueblos debieran tener un Murrieta…. y esos hombres á quienes Dios dotára de alma tan noble y de corazón tan bondadoso, debieran ser, sino inmortales para no privarles de la bienaventuranza eterna, al menos que alcanzáran la edad que cuenta la historia alcanzó Matusalèn.

Al Sr. Murrieta se debe la construcción del muelle de Lo liso, en el cuál gastó hace aún pocos años el Ayuntamiento siete mil duros para elevarlo y reformarlo; él contribuyó con la mitad del coste para el dok donde se guarecen las lanchas de los pescadores, habiendo costeado la otra mitad la Cofradía; si no por sus gestiones, aún duraria el ruidoso pleito que se sostuvo entre Portugalete y Santurce sobre derechos de jurisdicción, promovido á consecuencia de que algunos caminos de ambos pueblos llegaban hasta cerca de sus mútuas iglesias, suscitándose con ese motivo frecuentes diferencias y mas de una reclamación en los decomisos de arbitrios, habiendo ido el asunto hasta el Consejo de Estado, de donde recabó el señor Murrieta, el año 1866, una resolución favorable para su pueblo.

En esa época fué cuando, habiendo quedado dirimidas las contiendas jurisdiccionales y bien señalados los límites de la villa y del Concejo, empezaron á tomar incremento las edificaciones de Santurce.

Este Concejo está muy bien surtido de agua potable. El año 1883 invirtió el Municipiò catorce mil duros en la traida de ese líquido indispensable á la vida, desde un caudaloso manantial que hay en el punto denominado el rellano, en la falda del monte Sarantes, en el cuál se hizo una gran obra de fábrica; y en el sitio que llaman el caballero se construyeron los depósitos. Esa fresca y cristalina agua afluye con abundancia por ocho fuentes que están colocadas desde el barrio de Mamariga hasta la entrada del pueblo, ó sea frente á la mencionada casa de Sr. Zorrilla, siendo dos de ellas verdaderamente monumentales, de piedra de jaspe, bruñidas, con las armas del Concejo, levantadas una de ellas en la plaza y la otra en la plazuela de la Virgen del mar. En las Matas, y cerca de los depósitos, hay otras dos fuentes, tambien de algun mérito, pero no tanto como las dos anteriores.

Fuente monumental a la que hace referencia el texto en 1895 Fuente de il. Archivo Municipal de Burgos

Fuente monumental a la que hace referencia el texto en 1895
Fuente de il. Archivo Municipal de Burgos

El elemento principal de vida del vecindario del casco de Santurce es la pesca de sardina y de anchoa.

A la pesca de sardina se dedican en la actualidad seis lanchas tripuladas cada una por ocho hombres y á la de anchoa cuatro lanchas cada una de las cuales es tripulada por doce ó trece hombres. La sardina la pescan con red y cebo, ó raba, y la anchoa con cerco ó red grande y sin cebo.

Además hay varios botes que se dedican al pescado menudo, como jibiones, berdeles, chicharros, fanecas, brevas y otras clases.

Por término medio se calculan en tres mil las arrobas de sardina y de anchoa que traen á este puerto los pescadores durante la temporada del año: los precios á que suele venderse la sardina varían mucho, pues hoy mismo se han cerrado la venta á treinta reales el millar, mientras que en ocasiones se vende hasta á ocho duros. La anchoa por lo regular se vende de diez á doce reales la arroba.

No hace áun cuarenta años que todo el vecindario del Concejo de Santurce se componía sólo de capitanes y de pilotos; hoy, los que no están dedicados esclusivamente á la pesca, se dedican al practicage y al lemanage, esceptuando los que siguen la tendencia marcadísima de los jóvenes de buscar su fortuna en América, siendo los puntos mas preferidos por ellos, el Uruguay, el Paraguay y la Habana.

Descargando la pesca en Lo Liso. Tarjeta postal circulada. Fuente de la il.: Santurtzi en la tarjetta postal. L. Amann Egidazu y R. Alonso de Miguel

Descargando la pesca en Lo Liso. Tarjeta postal circulada.
Fuente de la il.: Santurtzi en la tarjetta postal. L. Amann Egidazu y R. Alonso de Miguel

Algunos se dedican también á la agricultura, cosechándose bastante chacolí.

Santurce, como todos los pueblos de la Costa Cantábrica, fué puerto artillado en tiempo de la guerra de sucesión, ó sea en tiempo de FelipeV; á la entrada del Concejo había un Castillo cuyos vestigios aùn existen, así como los de otros tres que se hallaban sobre la misma costa, dominando al mar, de los cuales quedan en pié algunos ruinosos muros.

Como solares antiguos ó Casas armeras citaremos, además de la del Sr. Lizana—que antes hemos indicado—la Casa de Lázcano, á la terminación del la calle Mayor. Al hacer unas escavaciones en Mamariga, junto á la ermita de la Virgen del mar, se hallaron unas sepulturas que se cree fueran de normandos y algunos restos humanos.

Respecto de fábricas, las únicas que existen en esta jurisdicción son, una antigua escabechería que, después de haber pasado por varios dueños, en la actualidad está cerrada y la fábrica de dinamita que hay en el barrio de Tocedo, sucursal de la que existe en Manjoya (Oviedo), propiedad de los Sres. Tieri y Compañia.

Las romerías principales que se celebran en este Concejo son: el 23 de Abril la del Patrono de Santurce, San Jorge; el 16 de Julio la de Nuestra Señora del Carmen; el 8 de Setiembre la de la Virgen del mar; y además el día de San Pedro en Cabieces; San Bernabé en Urioste y la Magdalena en Nocedal.

Pero, antes de despedirnos de Santurce, demos una vuelta por el paseo lo liso—ya que lo hemos nombrado varias veces en el curso de este Capítulo—en el cuál se forma todas las tardes del verano una especie de tertulia ó de exhibición de damas y galanes bañistas, que debe ser sumamente grata á unas y á otros. ¡Y que carácter tán escepcional suelen revistir esas tertulias! ¡Cuán diferentes á las tertulias de familia en las veladas del invierno!… En las tertulias de las playas se ven por vez primera de la vida hermosas jóvenes y apuestos galanes que dentro de pocos dias se perderán en el piélago de la vida, donde ya nunca volverás á encontrarse, sin tener jamás noticias unos de otras, teniendo que ignorar su futura historia, sin conocer cuándo, cómo ni dónde acaecerá su muerte. Esos jóvenes, que nunca se han conocido ni se han visto en el mundo hasta en esta playa y que desconocen su mútua historia, los amores, la posición, los gustos y los caprichos recíprocos, empiezan por mirarse, por sonreirse, por acercarse, por saludarse, por hablarse, per requebrarse y por fin, por amarse… y sin embargo, concluida la temporada de baños, al dejar aquella playa, es cuando verdaderamente morirán el uno para el otro.

Lo Liso. Paseo y casetas de baño Fuente de la il.: Santurtzi 1900. Ayuntamiento de Santurtzi, 2015

Lo Liso. Paseo y casetas de baño
Fuente de la il.: Santurtzi 1900. Ayuntamiento de Santurtzi, 2015

¡Oh, lo desconocido!—Lo desconocido es lo infinito! ¡Lo desconocido es todo lo que nos falta! ¡Lo desconocido es el cielo! Mientras nosotros pensamos de este modo (sin mas razón ni motivo que el de haber visto sentada sobre un peñasco, en una actitud pensativa, á una hermosa joven de sedosas trenzas, negros ojos rasgados, de talle juvenil mal desfigurado por los pliegues de una bata, y cuyo aspecto nos revela que es de lejana provincia, que por casualidad fija sus tristes ojos en otro jóven que á cierta distancia de ella está también sentado sobre otra peña, en actitud igualmente melancólica y reflexiva) llega la diligencia que nos ha de conducir á Ortuella.

Por eso, los que han presenciado uno de estos paseos de playa, habrán tenido ocasión de observar mil conversaciones distintas,–balbucientes declaraciones, juramentos á media voz, apasionados suspiros, murmuraciones, chanzas, incoherentes peguntas, nombres pronunciados en voz alta, reprimendas de madres, sordos rugidos de celosos cònyuges, alguna amenaza, alguna queja, tal vez alguna lágrima cruzándose con una risa, el tarareo indiferente del que vá solo—todas estas cosas que juntas forman un confuso rumor, plácido y melancólico, en que palpita y gime nuestra pobre vida humana, el eterno poema de la juventud y del amor.

Y mientras pensamos en estas y otras muchas cosas por el estilo que nos sugieren las personas que en este momento discurren por el paseo de lo liso, vemos atravesar por la carretera que se dirige á Portugalete, mas de veinte jóvenes de bello y agraciado rostro, con las sayas remangadas, corriendo como si disputáran alguna apuesta, saltando ligeras como mariposas, llevando sobre la cabeza unas largas cestas llenas de sardinas que parecen vivas, cuyas plateadas escamas reflejan la luz, centelleando y produciendo mil varios reflejos. Son las famosas sardineras cuya vida se presta á mucha consideraciones. Pero ya es tarde para hacer ninguna reflexion sobre ese tipo especial de Santurce, pues esas mariposas están ya lejos de nosotros, saltando y brincando para tomar el tranvia en Las Arenas ó para llegar hasta Bilbao á pié, veloces como un andarin que haya ganado los primeros premios. Además, nos aguarda el carruage que ha de trasladarnos al centro minero de esta jurisdicción. El automedonte se prepara á agitar el látigo, subimos al pescante y cinco minutos despues hemos perdido de vista las últimas casas de Santurce, que muy pronto se convertirá en un centro de animación si el tiempo, el cólera y todas esas plagas que parecen haberse coaligado contra España, permiten que registremos este año estación veraniega y temporada de baños.

Biblioteca Central (E.B.C.)

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