III EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Sexta sesión: Esperando a Godot de Samuel Beckett

03 CUBIERTAEn el club de lectura recibimos el año 2016 el jueves 14 de enero, con la sesión en torno a Esperando a Godot de Samuel Beckett.

Iván Repila, el moderador, nos decía que le gusta siempre incluir una obra de teatro en las sesiones, porque es un enamorado de este género, además de estar muy próximo a personas que trabajan en él, con lo cual ve todo el teatro que puede.

04 ESCENA

Y para centrar esta obra, nos hizo un recorrido documentado y ameno de la evolución del teatro en el siglo XX. Tras muchas vicisitudes desde la tragedia griega, ese siglo empieza con una concepción del teatro basada en el texto, de modo que los actores tenían que limitarse a “bien decir” lo escrito por el autor, y así se justificaba la figura del apuntador, hoy desaparecido. Pero en ese momento hacen su aparición una serie de personajes, rusos en su mayoría, que empezarán a teorizar sobre el género y hacerlo evolucionar hasta la concepción actual.

05 METODOEl primero, Stanislawski, nos suena por “el método” que lleva su nombre; su mérito es plantearse por vez primera hacer una teoría del teatro, y en concreto, plantearse que detrás del texto hay algo más, que el actor tiene que investigar el fondo del personaje, sus circunstancias vitales, que aunque no aparezcan en escena, sin duda influirán en la forma de expresar el texto. Y por poner un ejemplo extremo, nos decía que si el personaje ha sufrido abusos en la infancia, esa experiencia sin duda ha debido dejarle una huella, no recitará su papel del mismo modo que si hubiera tenido una infancia feliz.

06 BIOMECANICAEl siguiente personaje es un seguidor, alumno del anterior, que superará sus tesis: Meyerhold. Está de acuerdo con que la “vida privada” del personaje influye, aunque no aparezca en escena, pero piensa que de nada sirve si no se transmite de algún modo al espectador. Y así, sostendrá el uso de los máximos recursos para dar a conocer esos datos al espectador: La iluminación, la escenografía, el color, y los recursos físicos y gestuales de los actores, a los que exige ser verdaderos acróbatas.

07 TEATRO EPICOEl tercer personaje es bien conocido: Bertold Bretch, casi el arquetipo de intelectual de izquierdas, aunque él (Iván Repila) sostiene que no lo era tanto. Bretch aportará el dato de la clase social y formación del personaje. En el ejemplo de los abusos, no reaccionará igual un personaje de extracción social humilde, nacido en un barrio donde esos comportamientos son moneda corriente, que quizá desarrolle como reacción comportamientos violentos, que uno de alta clase social, que quizá se avergüence más y tienda a ocultarlos.

08 TEATRO DE CRUELDADEl cuarto personaje, Antonin Artaud, es una verdadera “figura”, por sus problemas psiquiátricos y sus toxicomanías. Destaca su obra El teatro y su doble, y nos llevará a lo que da en llamar Teatro de la crueldad“. Su tesis es que si buscamos la verdad, esa sólo puede aflorar en situaciones extremas. Cuando se nos lleva al límite, cuando no tenemos  nada que perder es cuando nos comportamos cómo de verdad somos… y así, somete a los actores a una tensión que busca mostrar ese comportamiento “verdadero”, muchas veces violento.

09 TEATRO ODINY llegamos por fin al quinto personaje, el que es contemporáneo de Beckett, Grotowski. Él nos dirá que esa “verdad” viene de la verdad del actor, es decir, que este debe trabajar el personaje con sus verdaderas vivencias y emociones, con lo cual cada vez prescinde más de escenografía, decoración, tendiendo a un “teatro pobre”. Y nos habla de un seguidor de esta corriente, el escandinavo Eugenio Barba y su Odin Teatret, que cada vez que viene a España es un acontecimiento. Concretamente, y siguiendo con el ejemplo de los abusos, nos habla de una obra que presenció, que consistía en un monólogo de una actriz, al principio poco comprensible, y que tenía una segunda parte en que la actriz iba explicándolo, aportando las claves que venían de su traumática experiencia infantil.
Por eso, en el teatro moderno, el texto ya será sólo una parte de un trabajo colectivo donde cobra especial importancia la figura del director, y donde los actores trabajan ya con emociones y sensaciones.

Y aquí pasa ya a situarnos la figura de Beckett, discípulo de Joyce (verdadero genio enciclopédico, una especie de “Google” de la época, como nos dice con humor), aunque personalmente Iván prefiere a Beckett, escritor dotadísimo que frecuenta todos los géneros y que va avanzando también en su obra a un progresivo despojamiento, con textos cada vez más difíciles y al final casi incomprensibles, voluntariamente. Con lo que nos dice que si Godot nos ha parecido difícil, más lo son sus obras posteriores.

Llega el momento de comentar la obra de hoy, preguntando qué sensaciones nos ha deparado su lectura. Algunas asistentes hablan de absurdo, aunque estamos de acuerdo en que, más que teatro del absurdo, está próximo al existencialismo. Otras varias declaran haberse divertido con ese humor de fondo tan amargo que parece el prototipo de nuestros Faemino y Cansado, o de Tip y Coll. Y hablamos, como siempre, de lo difícil que es enjuiciar una obra clásica medio siglo después, cuando nos hemos criado con tantas copias u homenajes, como lo es la escena del intercambio de sombreros, incluída en una pelicula de los hermanos Marx, o incluso el crepúsculo-amanecer que recuerda a una escena de Amanece que no es poco. Otras hablaron de tristeza, y por fin una asistente declaró que le había dado una sensación de esperanza. También estuvimos de acuerdo en la dificultad añadida de leer teatro, quizá por falta de costumbre, y la necesidad de aportar el lector cierta visión espacial, que no hace falta cuando lo vemos representado.

11 EXISTENCIALISMO

Como decía Iván, es una obra tan vigente que se sigue representando, y que ha hecho correr ríos de tinta y da lugar a múltiples interpretaciones. Una asistente recordaba haber visto la obra allá por los años sesenta, causando verdadero impacto, como otra del momento, El proceso a la sombra de un burro, acostumbrados como estábamos a ese teatro complaciente, de comedia de situación, que todavía sigue muy en boga, con representantes como Pedro Osinaga o Arturo Fernández, y que obviamente nada tienen que ver con este teatro que hoy nos ocupa.

Iván recordaba haber leído una crítica aparecida al poco del estreno de Esperando a Godot, en la que la despreciaban totalmente por absurda y pueril… cuando pocos años después su autor recibiría el Premio Nobel, nada menos.

Por dar alguna clave interpretativa, se comentó que quizá sea la parálisis de los personajes, que siempre están hablando de que se marchan, pero nunca lo hacen. Hay que encuadrarlo en un momento histórico, después de las dos guerras mundiales, en que Europa, el mundo, está como paralizado, sin saber a dónde ir; y recordamos a otro de los autores que hemos leído en esta edición del club, Zweig, que terminaría suicidándose (los personajes de Beckett también hablan de ello, pero ni para eso parecen tener impulso). De ahí la lectura de la obra en clave existencialista… quizá es una mirada descorazonada sobre el ser humano, que no avanza, que se queda siempre sin reaccionar.

12 FINAL

El día 28, nueva sesión del club, con Matar un ruiseñor, de Harper Lee, que nos avisa Iván de que es una lectura más amable.

Ana G.

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