Así se comen las sardinas. Según José Antonio Zunzunegui

MINIATURA-Comiendo-sardinasHace algún tiempo mostramos un documental grabado por el NO-DO en el pueblo allá por los años cuarenta del pasado siglo en el que, entre otras imágenes,

aparecía un grupo de arrantzales comiendo sardinas en el desaparecido merendero de Poli. Seguro que los que visteis el documental lo recordaréis. A nosotros nos vino a la memoria el relato que el novelista jarrillero José Antonio Zunzunegui hace de una merienda similar en su novela el Chipichandle, protagonizada por el pícaro Joselín y publicada en 1940. El fragmento que transcribimos retrata fielmente lo que pudimos ver en las imágenes del documental. Así que no hay excusa que valga, ¡a comer las sardinas como mandan los cánones!

Procedencia de la il.: Captura del documental

Procedencia de la il.: Captura del documental

 

          “-Yo pongo las sardinas si ponéis vosotros el pan y el vino –propone el que “vive del cuento”.

          -Conforme –acepta Joselín.

      Frente a la Casa de Ventas, dos hombres recogen en un carro las redes que han estado extendidas.

          El sol pone ya su delantal de sombra a la plaza.

        Joselín sale a la puerta y prepara el fuego. Enciende la brasa en el carbón de madera, agitando el soplillo, y coloca la parrilla. Sobre ella sitúa ordenadamente las sardinas. Chisporrotea el fuego y de entre el enrejado sube el humo, envolviendo a las sar-dinas.

      Como la sardina tenía mucha grasa levantó llama; Joselín la aplastó con el soplillo, alzando la parrilla.

       Cuando el pellejo empezó a desconcharse lleno de irisacio-nes amarillas que ganaban un color tabaco oscuro en la parte que-mada, Joselín las fue acostando del otro lado.

Procedencia de la il.: Captura del documental.

Procedencia de la il.: Captura del documental.

        Más tarde fueron pasando a un plato, que las colocó bajo la actividad digital de los comensales.

              Joselín corta una larga rebanada de pan y sobre ella va des-pellejando las sardinas… Luego las come. Sobre la miga se va formando una cama de grasa; cuando ha desnudado cinco o seis sardinas, y está el pan bien empapado, entonces empieza a comerlo.

             Es lento el saboreo.

          Largos tragos de vino lubrifican su apetito…, y enseguida otra rebanada de pan y otra tanda de sardinas.

           Entre trago y bocado la conversación sigue una línea de meandros.

        -Más vino, tú.

       Joselín se levanta a asar nuevas sardinas.

     Vuelve el fuego a su chisporroteo jocundo. Un olor apeti-toso mete en gresca todos los dientes. El rioja pone en los gaz-nates suavidades de terciopelo.

    -Están brutales –opina uno sin dejar de comer.

   -Es la mejor sardina la de julio, -apunta otro.

   -¿Cuándo piensas pasar eso?

   -Mañana mismo.

   -¿Cómo?

   Joselín se sonríe…, enseguida pide:

   -Más pan, tú.”

Busto a Zunzunegui en Portugalete Procedencia de la il.: Wikipedia

Busto a Zunzunegui en Portugalete
Procedencia de la il.: Wikipedia

Biblioteca Central (E.B.C.)

 

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