III EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

Tercera sesión: Novela de ajedrez de Stefan Zweig

01 MINIATURALa tercera sesión del club de lectura resultó tan redonda como la obra que comentábamos, Novela de ajedrez, de Stefan Zweig, perfecta como una pieza de relojería, donde nada sobra ni falta.

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Iván Repila, el moderador, empezó por situarnos la figura del autor en su tiempo: hombre de familia adinerada, instruido, que se movía por los círculos intelectuales de Europa,y que, en el momento de escribir esta pieza, su última obra, durante la Segunda Guerra Mundial, se encontraba ya convencido del triunfo del nazismo y del fin de la democracia, del humanismo… hasta el punto de abandonar Europa para refugiarse en Brasil donde acabaría suicidándose, en unión de su esposa, poco tiempo después, no queriendo ver el mundo que estaba seguro iba a surgir a continuación…

De modo que esta obra puede considerarse su testamento literario,y, leyéndola con esta perspectiva, podemos encontrar en ella una serie de claves que nos conducen a esta conclusión, la de la desesperanza por el fin de una era. Pues, como estuvimos de acuerdo en comentar, aunque Zweig se equivocase sobre el resultado de la guerra, no le faltaba razón en su predicción de que algo había cambiado para siempre. Como recordó Peio -uno de los asistentes- citando al filósofo Theodor Adorno, nada menos, después de Auschwitz ya no se puede pensar o filosofar del mismo modo que antes se hacía. Y aquí se suscitó la cuestión de la culpa colectiva, de la responsabilidad que pueden (podemos) tener todos por las atrocidades que otros perpetran, en cuanto que no las impedimos… Aquí Iván nos recomendó la lectura de otra obra de calado, La banalidad del mal de, la también filósofa, Hannah Arendt. Siempre nos vamos con las alforjas llenas de referencias y recomendaciones.

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También nos habló Iván del sistema que el nazismo había ideado (lo que se llamó “la solución final“) para acabar con masas ingentes de seres humanos con una perspectiva industrial, con

hhhh-laurent-binetcriterios de eficacia, como si de un matadero se tratase. Y aquí nos recomendó la lectura de lanovela HHhH, de Laurent Binet, cuyo título es un acrónimo de la expresión alemana “el cerebro de Hitler se llama Heydrich”, personaje este último directamente responsable de ese proceso. 

Libro que, nos cuenta, es metaliterario, porque además de contar un hecho histórico (la llamada “Operación Antropoide“, que tenía por meta suprimir al citado Heydrich, a quien incluso sus hombres apodaban “la bestia rubia”), cuenta el proceso de escritura del libro y la preocupación del autor por la aparición al mismo tiempo de otro sobre los mismos hechos, Las benévolas, de Jonathan Littell.

Con este marco histórico en la cabeza, analizamos la breve novelita que acabamos de leer, donde como resalta Iván, no se ha permitido el autor ningún elemento superfluo. Habla de ajedrez, como su título indica (era una de las pasiones de Zweig, y también Iván se declara aficionado a este juego… y quienes no lo conocemos lo lamentamos, porque aunque se sigue perfectamente, sin duda los ajedrecistas lo apreciarán más), pero es que además, está construido asimismo como una partida: el tablero sería el barco, y tenemos dos personajes, el campeón del mundo, Czentovic, y el misterioso personaje que le dará la réplica, el sr.B. Aquí una asistente comenta que en un principio pensó que el personaje principal de la obra iba a ser Czentovic, y vio luego con sorpresa cómo era desbancado en el foco de atención por el sr. B. Esta misma maniobra del autor, nos aclara Iván, no es sino una jugada de ajedrez a su vez, lo que se conoce por un “enroque”, cuando una pieza toma el lugar de otra.

Y así, acabamos reflexionando cómo Czentovic, un verdadero patán que no tiene otra habilidad que el ajedrez (en el que es, eso sí, extraordinariamente eficaz: Zweig lo compara a una gran roca inservible con una sola veta de oro),

“…Pronto trascendió que nuestro campeón era incapaz en su vida privada de escribir una frase en el idioma que fuese sin faltas de ortografía, y que, tal y como afirmaba con sarcasmo y despecho uno de sus colegas, <su incultura era igualmente universal en todas las materias>”

“…A los catorce años tenía que contar todavía con los dedos y leer un libro o un diario le costaba al jovencito un esfuerzo considerable…”

“…A los diecisiete años había ganado ya una docena de premios de ajedrez…y a los veinte, finalmente, el del mundo. Los campeones más audaces inconmensurablemente superiores todos ellos en dotes intelectuales, fantasía y arrojo, claudicaban ante su lógica fría y correosa como Napoleón ante el obtuso Kutusov, como Aníbal ante Fabio Cunctátor, de quien Tito Livio refiere que en su infancia había mostrado asimismo claros síntomas de flema e imbecilidad…”

“…¡Y cuánto más hubiera entusiasmado a un frenólogo tal un caso como el de Czentovic , en el que ese genio específico aparecía enquistado en una desidía intelectual absoluta, como una sola veta de oro entre quintales de roca estéril!…

y además no tiene interés en cultivarse, sino únicamente en ganar dinero con su don, es un trasunto de esa máquina de matar nazi, una especie de robot privado de sentimientos. Mientras que es sr. B. personifica esa Europa ilustrada, de la cultura, del sentimiento.. y el duelo final de ambos escenifica la guerra y el resultado que para ella anticipa Zweig. Aunque claro, también son posibles otras interpretaciones, como la que ofrece Peio, de la contraposición entre la teoría y la práctica, el mundo de las ideas frente a los actos.

Interesantísimo también el proceso de tortura o violencia psicológica a que se ve sometido en Sr. B., y cómo de resultas del mismo acaba asistiendo a un desdoblamiento de la personalidad que cualquier ajedrecista sabe que es imposible: el jugar consigo mismo como dos personas diferentes, un “yo blanco” contra el “yo negro”, que sin embargo la maestria del autor nos hace creíble, creando un personaje tan improbable como un superhombre de cómic, con el cual sin embargo nos identificamos.

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“Para mantenerme ocupado, para procurarme una distracción y un ejercicio mental… Había de procurar jugar conmigo mismo, o mejor aún, contra mí mismo.<Yo no sé si usted se habrá parado alguna vez a pensar… es lógicamente un absurdo querer jugar contra uno mismo… Si una misma persona juega con las blancas y con las negras, se produce entonces una situación incongruente , en donde un mismo cerebro ha de saber y al mismo tiempo no saber, ha de ser capaz de olvidar completamente cuando juega con las negras lo que quería y pretendía cinco minutos antes cuando jugaba con las blancas. Un doble pensamiento como éste presupone en realidad una escisión absoluta de la conciencia, una capacidad del cerebro como si fuese un aparato mecánico; querer jugar contra uno mismo representa, en definita, una paradoja tan grande en ajedrez como querer saltal sobre la propia sombra>”

Y hasta se destaca, aunque sea secundaria, la escena de la aparición y el deslumbramiento por el libro, y la intensa frustración del protagonista que, privado de todo estímulo intelectual, se conformaría con cualquier lectura… para encontrarse con un libro sin texto, sólo dotado de croquis de partidas de ajedrez… y cómo el ser humano es capaz de sobreponerse y hacer de ello un instrumento de superación, aunque sea al precio de “intoxicarse de ajedrez” (y ahí encaja la escena final, donde se nos muestra la conducta del sr. B. como la de un auténtico drogadicto).

Terminamos la sesión quedando emplazados para la lectura de La amiga estupenda, de Elena Ferrante. Y con un doble aviso: que la sesión prevista para el 3 de diciembre queda suspendida, quedando pendiente fijar una nueva fecha… Así como que uno de los libros propuestos, Plop de Ricardo Pinedo, podría ser sustituído por otro, Cicatriz de Sara Mesa, por considerar Iván que quizá es un poco fuerte para quien se inicia en estos talleres… aunque quien desee leerlo también podrá comentarlo. Hasta el próximo día 19, entonces.

Ana G.

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3 comentarios en “III EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA

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