El juego de bolos (1)

nº 2Hasta no hace mucho podía verse jugar a los bolos en Kabiezes. Desde la biblioteca de este barrio hemos preparado dos artículos sobre este deporte. Aquí tenéis el primero.

No hay una certeza absoluta sobre el origen del juego de los bolos, manejándose una serie de hipótesis que intentan explicar el origen de éste poniéndolo en relación con una serie de actividades ancestrales de diferente índole.

Según algunos estudiosos en los inicios de este juego estaría la necesidad innata del ser humano de experimentar, de jugar, de lanzar objetos, de relacionarse con los demás y de desarrollar, en definitiva, su vertiente lúdica.

Otros especialistas, por el contrario, aprecian en el origen del juego de bolos una serie de actividades más básicas relacionadas con la lucha, la caza y la supervivencia.

Por último, otros creen ver en el juego de bolos un origen mágico y religioso, cuyos ecos han llegado hasta nuestros días por medio de diversas leyendas, prohibiciones eclesiásticas y creencias populares.

Por lo que respecta a los primeros vestigios encontrados de juegos de bolos o juegos similares, existen indicios o restos de este juego en culturas muy diferentes y diseminadas por la mayoría de los continentes.

Desde la antigua Polinesia-Malasia, el antiguo Egipto, las antiguas culturas helénicas de Grecia o Roma, hasta los que defienden un origen céltico o precéltico, los que hablan de práctica habitual del juego en antiguos ritos teutones o los que lo relacionan con la cultura persa.

Sea como fuere, habrá que esperar hasta el siglo XIV para que aparezcan los primeros documentos en los que se cita el juego de bolos; unas veces en tratados de autores moralistas, con la intención de discernir entre los juegos dignos de los pecaminosos; y otras veces, la mayoría, en documentos de los siglos XVI y XVII –principalmente ordenanzas municipales- que penalizaban el juego de bolos en determinadas condiciones, esto es, jugar en las vías públicas, jugar a partir de determinada hora, o en días festivos señalados. La profusión de estas prohibiciones durante estos siglos nos deja entrever la popularidad que alcanzó el juego de bolos.

En Bizkaia, el Ayuntamiento de Lekeitio promulga en 1571 una serie de prohibiciones y ordenanzas relativas a los juegos de naipes, bolos, vestimenta, música, etc.

En el siglo XVI, en Europa, parece que el juego de bolos adquiere una serie de características propias entre las cuales habría que citar: la utilización de bola de agarradera, tablón de deslizamiento y el uso de nueve bolos. Por otro lado, en España se va implantando –siempre teniendo en cuenta la gran pluralidad de modalidades existente- la bola de palma, una bola mucho más ligera, que se lanza por el aire y hace innecesario el tablón de deslizamiento. Sin embargo, en el País Vasco la bola de agarradera es bastante común, utilizándose en la mayoría de las modalidades a excepción de hiru txirlo, alavés, y alguna más. En opinión de Aranzadi, este tipo de bola es característico de nuestro país y tiene un origen celta.

En el siglo XVII, los europeos de origen alemán y holandés llevan el juego de bolos a tierras americanas. En 1726, en el primer diccionario de autoridades de la Real Academia de la Lengua Española aparece una definición del juego de bolos que recuerda claramente al juego de bolo-palma considerado por algunos como el juego originario español.

En el País Vasco no son muy abundantes los documentos al respecto, destacando algunas citas curiosas en diversos documentos relativas principalmente a disturbios y riñas producidos en los juegos de bolos. Por comentar algunas, en 1622, en Elgeta, a causa de unas apuestas sobre el juego de bolos, Domingo de Zavaleta denuncia a Joan Congueta por atacarle y herirle con un palo; en 1790, se le impone una multa de doce reales al cura de San Vicente de Arana por habérsele visto haciendo traviesas –apuestas- en el juego de bolos.

Ya en el siglo XIX, en 1816 Fraile Bartolomé en su obra Euskal Errijetako olgeta ta dantzeen neurrizko gatz-ozpinduba cita las boleras –bola lekubak- en el segundo capítulo al hablar de los juegos y diversiones de la época. En 1847, Juan Ignacio Iztueta, al escribir la historia de la provincia de Gipuzkoa, enumera las actividades festivas y deportivas entre las que se encuentra la pelota, la palanca, la bola, etc. Cincuenta años después, aproximadamente, el sacerdote Estanislao Jaime Labayru y Goicoechea recopila La historia general del Señorío de Bizcaya, en la que recoge la siguiente cita: “del juego de bolos nada decimos por ser muy conocido y general –aquí nos demuestra la popularidad del juego en aquella época, y tal vez, una cierta animadversión, dada su condición de clérigo- . Sólo advertiremos que existe diferencia entre el bizcaíno encartado y el resto del Señorío, tanto en el volumen de las bolas como en el número de palos o chirlos.” Quizás en esta cita pueda intuirse ciertas referencias a las modalidades de pasabolo de tablón –tres bolos y bolas más pequeñas- que ya se jugaba en las Encartaciones, y el juego de remonte con muna –nueve bolos grandes, uno pequeño y bolas bastante más voluminosas- de amplia difusión en aquella época.

En las últimas décadas del siglo XIX los juegos de bolos están en pleno auge en Bizkaia, prueba de ello es la abundante documentación municipal al respecto. Normalmente se trata de documentación en la que se pedía permiso para la construcción de boleras o expedientes sobre las condiciones de arrendamiento de la casa taberna municipal con su juego de bolos. Este tipo de documentación se prolonga durante el siglo XX hasta la Guerra Civil. Merece la pena citar a modo de anécdota la noticia aparecida en el Diario Euzkadi de julio de 1913, en la que se narra los problemas surgidos en el barrio del Regato, en Barakaldo, cuando los vecinos vieron peligrar su bolera por la construcción de una casa, destacando el papel que jugaron las mujeres en dicha protesta, encabezando las manifestaciones y movilizaciones vecinales que provocaron dicho hecho. También en la literatura vasca de estas primeras décadas del XX, se refleja la popularidad del juego de bolos en las obras populares y costumbristas de algunos autores vizcaínos como Evaristo Bustintza Kirikiño, Errose Bustintza Mañariku y el guipuzcoano Tomas Agirre Barrensoro. Posteriormente vendría la catarsis producida por la Guerra Civil, que produjo un parón en todas las actividades de la vida cotidiana. Fue seguido por el periodo de posguerra, una época dura y difícil donde el tiempo para el ocio y diversión era escaso. Posteriormente, en lo deportivo, el desarrollo y auge del fútbol, creándose infinidad de equipos por toda la geografía vizcaína eclipsó a la mayoría del resto de los deportes y juegos populares, sobre todo en zonas semi-rurales. En la década de los sesenta, durante el desarrollo económico y social que se da en Bizkaia se empiezan a construir boleras de modalidades hasta entonces desconocidas dándole un nuevo matiz al mundo bolístico vizcaíno. A continuación vendría la creación y organización de la Federación Provincial y los clubes bolísticos con sus respectivas competiciones de bolos. Serían los años dorados para el pasabolo con sus famosos desafíos y apuestas entre Bizkaia y Cantabria; la organización y promoción del juego de remonte con muna entre los bolaris del Duranguesado y el nacimiento de clubes como el club Nervión de Basauri de bolo burgalés, ya en el ochenta.

Respecto al juego de bolos en nuestros días y a su problemática actual cabe señalar que el juego de bolos es una reminiscencia de aquel mundo rural que se fue perdiendo como consecuencia del empuje socio-económico que tuvo lugar en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX y que motivó los grandes movimientos de población de las zonas rurales a las zonas industriales que estaban en pleno apogeo. Tan solo hace falta ver cuales son los materiales más importantes que se utilizan, o se han utilizado en el juego de bolos para darnos cuenta de su pertenencia a aquel mundo rural eminentemente agrícola y ganadero. Estos materiales, como la arcilla, la madera de determinados árboles, la piedra, la tierra, etc. van siendo sustituidos por otros materiales más modernos, más asequibles y más duraderos, sobre todo en modalidades que han sabido ir adaptándose a los cambios y necesidades de los tiempos. Esto es muy visible en modalidades que han ido integrándose en el entorno urbano, normalmente modalidades foráneas, o modalidades autóctonas con gran actividad interna, que normalmente, no son la norma.

Se ve por tanto un movimiento paralelo entre el ocaso del mundo rural y la pérdida paulatina del juego de bolos. Resulta curioso ver como las modalidades autóctonas han desaparecido de las zonas urbanas y las boleras que quedan, están en zonas eminentemente rurales, casi escondidas y al amparo de alguna ermita y fiesta anual. Mucho que ver tiene con esto, también otro tipo de factores como el de desarrollo social y organización interna de una comunidad que pueden promover el empuje, de una modalidad de bolos pasando de ser un simple juego y pasatiempos festivo a ser una actividad deportiva reglamentada y con competiciones periódicas. Y es que, el futuro de una modalidad pasa por convertirse en un deporte federado, dinámico, con multitud de licencias y una competición ligera, de lo contrario, esa modalidad de juego de bolos irá apagándose con el paso del tiempo. Aparte de todo lo anteriormente citado, el juego de bolos tiene otro inconveniente sumamente importante, el cual se manifiesta en casi todas las modalidades, y no es otro que el escaso relevo generacional. La edad de los bolaris es alta y el porcentaje de jóvenes que se ve en las boleras es muy bajo. Una de las causas podría ser el estatus de juego minoritario que tiene hoy en día el juego de bolos, estatus al que ha sido relegado por el escaso eco que tiene en los medios de comunicación. De todos es sabido que un deporte que aparece en la pequeña pantalla hace que aumente como la espuma su práctica, y ejemplos de esta afirmación hay muchos.

Ubicación de las modalidades de bolos Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”

Ubicación de las modalidades de bolos
Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”

Recopilar en la actualidad información sobre el juego de bolos es indagar sobre un juego que antiguamente fue muy popular, casi tanto como la pelota, y es investigar un deporte, que hoy en día, es totalmente minoritario en nuestro entorno. En el último medio siglo se han perdido más de cuatro centenares de boleras, y sobre todo se ha interrumpido la transmisión cultural del centenario juego de bolos de generación en generación. De la realización de un inventario sobre la situación del bolo vizcaíno resultaría la existencia de hasta quince modalidades, tanto sean foráneas como autóctonas, dándonos una visión de lo que es hoy en día el juego de bolos en Bizkaia, una visión muy plural, muy rica, muy variada, pero en un estado preocupante. Las quince modalidades recogidas son las siguientes (no reflejándose los juegos calva y bowling):

  • Bolo alavés o de La Llanada
  • Juego de bolos de Bermeo
  • Bolo palma
  • Juego de bolo burgalés
  • Juego de bolos a cachete
  • Juego de la zona de Ea
  • Remonte o juego de bolos de la comarca de Ayala
  • Tres tablones
  • Hiru txirlo común
  • Juego de bolos leonés
  • Modalidad de remonte con muna o de la zona de Zornotza
  • Pasabolo de tablón
  • Juego de bolos de Olazabal
  • Hiru txirlo de Berriz
  • Juego de bolos de Zeanuri
Jentilak Ilustrazioa: Daniel Castello “Euskal Herriko mitologia : jentilen aztarnen atzetik” lanatik aterata Fuente de la il.:http://www.euskonews.com/0686zbk/gaia68601eu.html

Jentilak
Ilustrazioa: Daniel Castello “Euskal Herriko mitologia : jentilen aztarnen atzetik” lanatik aterata
Fuente de la il.: http://www.euskonews.com/0686zbk/gaia68601eu.html

Por último, también en nuestra mitología aparecen citas sobre el juego de bolos, sobre todo en los pasajes sobre las llamadas piedras de los gentiles, personajes de la mitología vasca de gran envergadura y dotados de fuerza descomunal. Se trata siempre de piedras esféricas de gran tamaño. Todas las leyendas y cuentos antiguos tienen como protagonistas a gentiles que lanzaban enormes piedras a distancias lejanas. Relatos e historias similares abundan en toda Bizkaia, así como a lo largo y ancho de buena parte de la geografía vasca. Por lo que respecta al territorio vizcaíno, merece la pena reseñar que en los caseríos entre Orozko y Arakaldo, cuentan dos versiones de una leyenda que intenta dar explicación a las grandes piedras esféricas que los lugareños encuentran en las laderas del monte Untzueta:

 Bolaños o proyectiles de piedra recogidos en las faldas del monte Untzueta Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”


Bolaños o proyectiles de piedra recogidos en las faldas del monte Untzueta
Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”

Bolaños o proyectiles de piedra recogidos en las faldas del monte Untzueta Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”

Bolaños o proyectiles de piedra recogidos en las faldas del monte Untzueta
Fuente de la il.: Juan José Zorilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”

Cuentan en Orozco que los gentiles jugaban a la pelota con piedras redondas de cuatro o cinco arrobas, colocándose unos en el monte Untzeta y otros en el de Santa Marina.

(BARANDIARAN, José Miguel de. El mundo en la mente popular vasca. Zarauz 1960. Colección Auñamendi, nº 12, pp. 112-113)

La creencia popular ha ido conformando la leyenda a lo largo de los últimos siglos sobre estas bolas llamadas bolas de juego o jentil harriak, tan lisas y bien trabajadas, distantes y aparentemente inconexas para explicar tanto su existencia como sus localizaciones. En realidad, estas bolas de piedra arenisca, de unos cincuenta kilos de peso y un diámetro de unos treinta centímetros –un tamaño y forma similar a las bolas de juego- no son bolas sino balas. Bolaños o proyectiles de trabuco (especie de catapulta) que utilizaron las tropas castellanas de Pedro I el Cruel en el asedio al castillo-atalaya que se erigía en la cima del pico Untzueta, allá por los años cincuenta del siglo XIV. Atalaya que controló durante la baja Edad Media la entrada en Bizkaia por el paso natural que es el río Nervión. A partir de esa época comenzaría a fraguarse la leyenda, al ir encontrando en las vertientes del monte Untzueta los habitantes de la zona unas bolas asombrosamente esféricas.

Nota: la información de esta noticia ha sido recogida del excelente trabajo de Juan José Zorrilla López “Bola jokoa = El juego de bolos”.

Biblioteca de Kabiezes (A.Z.C.)

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