El monumento a Trueba en Montellano

El barrio de Montellano, perteneciente al municipio de Galdames,  además de ser lugar idílico es conocido porque en una de sus casas nació el escritor y cronista de Bizkaia Antonio Trueba.

A Montellano, a tiro de piedra de Santurtzi, se llega por la carretera que une Muskiz con Sopuerta, poco después de dejar a nuestra izquierda la ferrería de El Pobal, hoy rehabilitada y propiedad de la Diputación Foral.

La casa en la que “Antón el de los Cantares” nació en la Nochebuena de 1810 ya no existe, apenas quedan de ella una pared con una puerta adintelada y un ventanuco. Se trataba de una vivienda de pequeñas dimensiones para una vivienda rural, unos 150 m2 (15 x 10,20 m. en planta),  de las denominadas encartadas o trucenses y unos muros de alrededor de 60 cm. de espesor. Su estructura interior fue la de una casa de la comarca, planta baja para cuadras, primer piso para habitación y segundo piso de camarote para guardar la cosecha o la hierba seca.

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En su solar se encuentra el monumento al escritor y además, encastrado en uno de sus contrafuertes, una placa que el municipio de Galdamés colocó en el primer centenario de su fallecimiento.

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Mucho menos conocido que el erigido en los bilbaínos Jardines de Albia, el muy premiado obra de Mariano Benlliure, este monumento tiene sin embargo una historia cuando menos singular:

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La decisión de trasladar los restos del literato del Cementerio de Mallona donde estaba enterrado y apunto de clausurarse determinó la voluntad de erigir un mausoleo ubicado en el interior de la parroquia de San Vicente de Abando mausoleo éste que no fué del agrado del párroco, el cual solicitó su traslado a otro lugar del templo, mausoleo que debió acoger además a la mujer del poeta, no prevista en un principio, por no hablar de las discrepancias entre el escultor Manuel Basterra y el arquitecto que diseñó el monumento, Manuel María de Smith, amén de lo dimes y diretes entre los miembros de la Junta de Cultura Vasca, en fin, en lo que visto a la distancia parece una pelea de grillos y hegos impropia del fin que se perseguía y poco acorde con la figura del “hombre sencillo” homenajeado.

Lo cierto es que para salvar el embrollo que se había montado se tomó la muy políticamente correcta decisión de trasladar el monumento a Montellano, inaugurándose el 24 de agosto de 1930, santo de la barriada. Milagrosamente aún sigue allí, perfectamente visitable a lo que parece gracias a los esfuerzos de diversas asociaciones culturales.

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Basterra realiza en esta ocasión una obra sintética, de aspecto primitivo y monumental, , formada por grandes bloques y de talla basta, sin concesión a lo decorativo más allá de cuatro pequeños detalles geométricos en el arco de piedra caliza debía cobijar la ausente lápida que el escultor realizó para su mausoleo en  1920,  un cisne que recogía los versos del poeta encartado:

“Dicen que el cisne cuando muere canta
y hoy tanto de mortal mi dolor tiene
que acaso es la del cisne mi garganta;
La voluntad de Dios es justa y santa.
Hágase en mi, Señor, lo que ella ordene!”.

Los versos aún permanecen grabados en la piedra  y tras leerlos, si os dais la vuelta y el día es claro, podéis disfrutar de unas magníficas vistas hacia los montes Zipar, Pico de la Cruz, Pico el Moro y los barrios de San Estaban, El Cerco, Las Cortes y Arenao.

Biblioteca Central (E.B.C.)

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