De profesión, batelera

09 Te puede interesar-CARLOSNo son pocos los oficios relacionados con las rías y el mar que tradicionalmente han desempeñado las mujeres del País, sirgueras, rederas, empacadoras, sardineras, cargueras… Entre estos se encuentra

el de batelera, una profesión documentada en Bilbao, Rentería, Lezo y, sobre todo, en Pasajes. Estas pasaitarras se ocupaban de transportar pasaje de orilla a orilla mientras los hombres se hacían cargo de tareas de marinería mejor remuneradas. Como oficio pervivió hasta comienzos del siglo XX.

Estas bateleras, al menos las de Pasajes, llamaron desde antiguo la atención de los propios y extraños, que así lo reflejaron en escritos y dibujos. Veamos algunos.

En 1618 el prolífico Lope de Vega, en su obra “Los ramilletes de Madrid” ya las retrata como “las remeras de Pasajes”.

Nuestras bateleras,  que ya estaban en verso pronto lo estarían también en prosa, en la comedia y en la historia.

En 1625 el clérigo Lope Martínez de Isasti, en su “Compendio Historial de Guipúzcoa” vuelve a ellas al hablar de Pasaje (sic.) : motejándoles de mujeres varoniles y de gran fuerza y destreza en su oficio.

Fuente: http://www.europeana.eu/portal/record/9200233/BibliographicResource_3000112748606.html “Description des environs de Bayonne et de Saint-Sébastien” / par Ch. Hennebutte ; illustrations par Melle Hélène Feillet, Mme B. Hennebutte née Feillet. 1850

Description des environs de Bayonne et de Saint-Sébastien” / par Ch. Hennebutte ; illustrations par Melle Hélène Feillet, Mme B. Hennebutte née Feillet. 1850

Vistas y descritas por los de casa y por los de fuera, estas bateleras, mujeres en oficios tradicionalmente de hombres, no dejaban de llamar la atención.

Bien sea por haber leído a nuestro buen sacerdote, o más bien por la visita que realizó a la villa en el año del Señor de 1660, lo cierto es que Felipe IV, Rey de España y otros muchos lugares, las quiso llevar de plantilla al estanque de su finca del Buen Retiro (por cierto, bastante mayor que el actual Parque del Retiro). Al parecer no encontró voluntarias para el exilio madrileño.

Allí por 1676 Marie Catherine LeJumel de Barneville, a la sazón Comtessa D’Aulnoy, en su “Relation du voyage D’Espagna” nos dejaba una deliciosa descripción de las mismas, subrayando su belleza y cuidado en el vestir y el arreglo. “…su cabello negro y lustroso como el azabache, trenzado y rematado con lazos de cinta, cae por la espalda…”.

Las bateleras serían mundialmente conocidas gracias a Victor Hugo que, en 1880 publica “En voyage. Alpes et Pyrinées” obra en la que recoge los recuerdos de su estancia en Pasajes en el verano de 1843, acompañado por su esposa, Julieta Drouet. Victor Hugo nos hace una sorprendente, colorida y realista descripción de ellas y su trabajo, a la par que queda prendado de las más hermosas. Merece mucho la pena la lectura de la transcripción de este pasaje incluída líneas más abajo.

Autor:  Francisco de Paula Mellado, “Recuerdos de un viage por España”

Autor:
Francisco de Paula Mellado, “Recuerdos de un viage por España”

Y por si alguien faltaba, llegó en estas Bretón de los Herreros que en 1840 da a la imprenta “La batelera de Pasajes” comedia en cuatro actos, que no tarda en pasar de los tipógrafos a la escena conociendo los requiebros del Capitán Bureba a la batera Faustina un éxito regular. De esta obra proceden los conocidos versos:

Aprisa, vengan aprisa,
que en leche la mar está
¡laralá!
y fresca, como la brisa
pasará la batelera
al que quiera y como quiera
de allí para aquí, de acá para allá.
¡Talaralá!, ¡laralá

A lo que se vé lejos de esforzado debía ser el de batelera cómodo oficio, todo el santo día cantando y holgando, Talaralá!, ¡laralá!.

Después de tanto literato hora es de volver nuevo con viajeros e historiadores, gente seria donde las haya. Juan Mañé y Flaquer en su “Viaje al País de los Fueros” de 1879 no oculta su admiración y las catalogaba de intrépidas, serenas, fuertes y ágiles, al tiempo que nos deja una detallada descripción de su vestimenta, un ropaje que no había cambiado gran cosa desde los tiempos ya lejanos de la Comtessa d’Aulnoy.

Actualmente cada 31 de julio se les rinde homenaje en su localidad con desfile y posterior regata, de bateleras, por supuesto.

07 homenaje-bateleras

TRANSCRIPCIÓN DE LOS TEXTOS

1618
Lope de Vega y CarpioLos ramilletes de Madrid

“Ellas son los remeros/de aquestas barcas del Pasaj ; unas barcas adornadas también con ramos y flores:… sus popas enramadas/de laureles y flores coronadas”

Lope Martínez de Isasti, “Compendio Historial de Guipúzcoa

…asimismo ha tenido y tiene este lugar mugeres varoniles, que sin temer las tormentas de la mar, han acudido con chalupas a atoar y meter en el puerto galeones de las armadas reales y otras naos que vienen de Terranova y de otras partes remando con gran esfuerzo como si fuesen varones en falta de los marineros que andan por la mar en sus viages”, “…mostraron su destreza en gobernar barcos y chalupas, y en el uso de las armas”.

1676
Marie Catherine LeJumel de Barneville, Comtessa D’Aulnoy, “Relation du voyage D’Espagna

«Estas muchachas eran muy altas, de delgado talle, la tez morena, los dientes admirables, los cabellos negros y lustrosos como las alas del cuervo; los llevaban en trenzas, dejándolas caer sobre sus espaldas, sujetándolos con algunas cintas; llevaban sobre la cabeza una especie de velito de muselina bordada en oro y seda, que rodeaba su cuello y cubría su garganta; lucían pendientes de oro y de perlas y collares de coral; llevan una especie de jubón, como nuestras gitanas, cuyas mangas son muy estrechas. Os aseguro que me encantaron. Me dijeron que estas muchachas de pie marino nadaban como peces y que no admitían entre ellas a otras mujeres ni hombres; es una especie de pequeña república, a la que acuden de todas partes, y sus padres las envían allí desde muy jóvenes».

1879
Juan Mañé y FlaquerViaje al País de los Fueros

Otra singularidad ofrece la rada de Pasages y es que el servicio interior de barquillas lo desempeñan mujeres, en vez de hacerlo hombres como en los demás puertos. Las bateleras de Pasages, famosas siempre por su intrepidez, su serenidad, su fuerza y agilidad, llamaron ya la atención del rey Felipe IV,  al visitar este puerto en 1660, y se llevó algunas á Madrid para encargarles el servicio de las barquillas del estanque del Buen Retiro.

Aquí doy el retrato de una de las dos que tripulaban el bote que me llevó a recorrer la rada; se llama Felipa, tenía entonces unos veinte años de edad, y era una de las más decidoras y populares entre sus compañeras. Viste el traje ordinario de batelera y se apoya varonil y airosamente en el remo que le sirve para mover la barquilla. Sobre la cabeza lleva sombrero de paja, rodeada la copa de una ancha cinta negra (otras la llevan colorada o azul)cuyos extremos, adornados con anclas doradas,caen sobre su hombro. En el lazo de la cinta lleva, a guisa de escarapela, un ramito de siemprevivas,que es el adorno clásico de la batelera. En las orejas usan comúnmente arete. El cuello de la camisa es bajo, y queda casi siempre cubierto por un pañuelo blanco de seda con lazo a la marinera. La chaqueta es de lana color morado, ribeteados los puños y bocamangas con cintas formando ángulos y se abrocha con tres botones en el pecho.

La saya exterior es de color de chocolate y va recogida para que no estorbe losmovimientos; la interior es negra, también de lana, y baja hasta los tobillos. Aunque en el grabado aparece que lleva alpargatas, débese á que la prueba fotográfica salió en esta parte un poco confusa; pues en realidad las bateleras ó andan descalzas, ó van calzadas con zapatos de cuero el dia de buen tiempo y con zuecos el dia de lluvia. En este caso también se cubren con un chubasquero ó impermeable de tela encerada.
La agilidad de las bateleras corre parejas con su fuerza muscular, y también con la soltura de su lengua. Admira ver la ligereza con que entran y salen del batel, saltando de dentro á fuera y de fuera á dentro, guardando en sus movimientos el mismo decoro que en sus conversaciones.

He dicho que su fuerza muscular era extraordinaria, y pude convencerme de ello al desembarcar cerca de la estación del ferro-carril, en hora de la baja mar, en que la corriente era muy fuerte y nos impulsaba en dirección contraria á la que llevábamos. Apesar de esto, dos jóvenes de tan corta edad movían con una velocidad extraordinaria la lancha que contenia siete personas.
El número de bateleras ha disminuido considerablemente, ya por haber amenguado el tráfico del puerto, ya á causa de los trabajos ejecutados en el mismo. Además, ha desaparecido una parte pintoresca que también describe Bretón en su citado drama, que era el empeño que ponían antes las bateleras por atraerse á los parroquianos; pues ahora están contratadas por un empresario y las barquillas siguen un turno riguroso en el servicio.

1843
Victor HugoEn voyage. Alpes et Pyrinées

Allí, en el punto donde el camino llegaba al río, había algo singular.
Cincuenta mujeres, dispuestas en una sola línea como una compañía de infantería, parecían estar esperando a alguien y llamaban con grandes gritos. Este hecho me sorprendió y mi sorpresa aumentó al reconocer que era mí al que se esperaba y llamaba. La carretera estaba desierta, estaba solo, y el frenesí de gritos se dirigida realmente a mí. mi asombro aumentó aún más al aproximarme.
Todas las mujeres a la vez me dirigieron las palabras más vivas y atractivas: Señor inglés, venga conmigo Usted! – Conmigo, Caballero! – Venga, hombre, soy bonita! Me hacían los gestos más expresivos y variados, pero ninguna venía hacia mí. Parecían estatuas arraigadas al suelo a las que un mago había dado vida, Gritaban, gesticulaban, pero no daban un paso. . Además, eran de toda edad y aspecto, jóvenes, viejas, feas, hermosas, las hermosas presumidas y adornadas, las viejas andrajosas…. Como hablaban a la vez, no oía a ninguna, y pasó un tiempo antes de comprender. Por fin las barcas amarradas a la orilla me explicaron la cuestión. Estaba en medio de un grupo de barqueras que me ofrecían el paso a la orilla. ¿ Pero por qué barqueras y no barqueros? ¿ Que significaba este revuelo que parecía tener una una frontera que no atravesaba? ¿ Por fin, dónde me querían conducir? Tantos enigmas, tantas razones para continuar. Pregunté su nombre a la más hermosa; se llamaba Pepa. Salté a su barca. Al momento ví a un pasajero que ya estaba en otra barca; corríamos riesgo de esperar mucho tiempo cada uno en la nuestra; reuniéndonos podíamos irnos en seguida. Como último llegado, me correspondía reunirme con el otro. Dejé pues el barco de Pepa. Pepa hizo un mohín; le di una peseta; tomó el dinero y continuó haciendo el mohín, lo que me halagó singularmente; porque una peseta, era, como me explicó mi compañero de viaje, el doble del precio máximo del recorrido. Tenía pues el dinero, sin la tarea. Mientras habíamos dejado la orilla , y navegábamos en la bahía, todo era verde, la ola y la colina, la tierra y el agua. Nuestra barquita fue manejada por dos mujeres, una vieja y una joven, una madre y una chica. La hija, muy hermosa y muy alegre, tenía por nombre Manuela y por apodo Catalana. Ambas barqueras remaban de pie, de atrás adelante, cada una con un solo remo, con un movimiento lento, simple y gracioso. Las dos hablaban medianamente francés. Manuela, con su pequeño sombrero de hule adornado de una rosa gruesa, su coleta larga, trenzada y flotante sobre la espalda de moda del país, su pañuelo amarillo vivo, sus enaguas cortas, su falda bien hecha, mostraba los dientes más bellos del mundo, se reía mucho y era encantadora. En cuanto a la madre, por desgracia, también había sido mariposa…..
……

La población de esta ciudad tiene una única industria, el trabajo en el agua. Ambos sexos han dividido el trabajo de acuerdo a su fuerza. El hombre en el barco, la mujer en la barca; el hombre en el mar, la mujer en la bahía: El hombre va de pesca y sale del golfo, la mujer permanece pasas el golfo a aquellos que un asunto o interés trae de San Sebastián. De ahí las bateleras. Estas pobres mujeres tienen tan raramente un pasajero que han tenido que ponerse de acuerdo para convivir entre ellas y no molestar al pasajero. Tienen un límite que no atraviesan, y una reglamentación que no violan. Es un país extraordinario. Tan pronto como la marea sube, traen sus barcas al punto en el que el camino llega al agua, y se aposentan en los peñascos, hilando su rueca, esperando. Cada vez que un clientese presenta, corren al límite instancia que fijaron, y cada una trata de atraer la elección del recién llegado. El cliente escoge. Hecha la elección, todas se callan. El cliente que escogió es sagrado. Se lo dejamos al que lo tiene. El paso no cuesta caro. Los pobres dan un cinco céntimos, los burgueses un real, los señores peseta, los emperadores, los príncipes y los poetas una peseta.

Si te has quedado con ganas de saber más: “Bateleras de Pasajes” Rosa María Cantín.
www.euskomedia.org/PDFAnlt/vasconia/vas23/23055090.pdf

Biblioteca Central (E.B.C.)

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